No voy a perder tiempo en presentar a los dos cocineros que se esconden tras los muros de la cocina del Boix Quatre. Josué y Ernesto tienen un largo curriculum pero no sirve de nada si después no demuestras todo lo que sabes.
La verdad es que en esto de la restauración no soy nada early adopter. Prefiero que las cosas se asienten y se ruede en el restaurante antes de ir a probar “suerte”, y es que soy poco jugador y no me gusta perder por eso siempre apuesto a caballo ganador… En este caso nos plantamos en el restaurante con apenas dos semanas de rodaje, pero la razón era obvia: plena confianza en el tandem de cocineros a los que ya habíamos visto trabajar tanto juntos como por separado.
Y como la confianza es plena, no hay mejor opción que decantarse por un menú degustación, en nuestro caso el Boixis, compuesto por un entrante, cuatro platillos y un postre (26€).
El menú se configura desde cocina pero preguntan si hay algún plato que se tiene especial interés en probar. Empezamos con una sopa fría de almendras y gambas muy rica, fresca y con los sabores muy definidos. Una buena forma de empeza y ya una presentación del estilo que vas a encontrar en el menú.
Los gnocchi de bacalao me llamaron la atención cuando leí la carta así que los pedí y no me equivoqué, sabor exquisito con el calamar casi crudo y una mayonesa emulsionada muy ligera.
Continuamos con unas contundentes manitas de cerdo guisadas con chorizo y garrofó. El plato es tan contundente como suena, o incluso más, pero está realmente bueno. La textura es perfecta, la gelatina de las manitas le da consistencia y el sabor concentrado es fantástico. El garrofón crujiente le da un punto extra al bocado.
Un plato gamberro que me gustó mucho, sepia sobre sepia bruta. Un plato en blanco y negro donde la sepia se mezcla con la sepia en su tinta, sacando lo mejor de cada una de ellas.
Bacalao con jugo de arroz y un cus-cus de coliflor, con el bacalao prácticamente crudo, puro sabor y buen juego con los jugos y la textura de la tierra de coliflor. Ese fondo de jugo de arroz es una maravilla, con unas hebras de azafrán que le dan un toque ahumado y especiado.
Como pre-postre tomamos una riquísima sopa de melón con jengibre y helado de yogur, un postre muy fresco, equilibrado en sabores y con el juego de las temperaturas.
De final la torrija de turrón con helado de almendra, plato genial, incluso para los que no somos muy de dulce, este postre tiene potencia pero también equilibrio, lo que lo hace redondo.
El servicio de sala a cargo de Cristina es excelente, sin doble tirabuzón pero todo por donde tiene que ir, cercanía con respeto por el cliente, eficiencia y un buen rollo que se transmite desde que cruzas el umbral.
La carta de vinos está bien seleccionada, con precios correctos y copas de buena calidad. Como sólo bebía yo me decanté por la selección de vinos por copas.
Experiencia más que aconsejable, con una cocina honesta, equilibrada en cuanto a producto y técnica, con raíces mediterráneas y concesiones modernas. El local además me encanta, me parece una reforma más que acertada, con ese ladrillo antiguo, buena iluminación y una distribución de mesas que permite una cierta intimidad pero también participar que lo sucede en esa cocina que tan bien comunicada y coordinada está con sala.
Este te gustará, ya nos cuentas.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.