Sigue estando en el mismo lugar de siempre, pero ha evolucionado de tal manera que no tienen nada que envidiar a los más grandísimos de Barcelona; Abel y Olga siguen apostando por la calidad excelsa, por la cocina más tradicional con un buen lavado de cara y por los platos de mercado o temporada. Los arroces (como el de de trufas negras y foie gras), la ensalada de sofrito y kokotxas de bacalao, el solomillo con foie al oporto demuestran el derroche a la hora de deleitar al cliente. Cocina muy pero que muy apasionada y trabajada. Por otro lado Abel guarda, en su pequeña pero variada y selecta bodega, tesoros que en pocos lugares podremos encontrar. Déjense aconsejar por él.
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