Restaurante García: El templo escondido


Aun siguen existiendo lugares donde no aparecen en ninguna guía, y a menos que alguien te los recomiende, tendrías la misma posibilidad de encontrarte con ellos que que se te enganchara un billete de 500 euros en la suela de tu zapato.

Que me perdone si hay alguien de Murchante, pero es uno de esos sitios en los que no acabas parando ya que no es paso obligado de ninguna ruta, no hay nada de interés turístico que poder ver, y Tudela está demasiado cerca como para dudar entre una villa u otra a la hora de visitar.

Si por lo que fuera uno acaba llegando allí con la decidida intención de ir a un buen restaurante, justamente éste no llama en ningún caso la atención, como para poder atreverse a cruzar su umbral: Fachada ochentona de bar de carretera de nulo atractivo y demasiado cerca de un asador renovado, en el que acabarías por entrar si dejas que sea la vista quien te guíe de forma azarosa.

Pero si alguien con cierto criterio te recomienda su visita (Gracias Peter – Lagunak-!!), y además coincide que estás por la comarca, el templo está listo para ser descubierto. Una vez dentro te encuentras directamente con pequeño comedor, sin barra ni vestíbulo, donde probablemente no caben más de 30 comensales.

Mantelería y vajilla cuidada pero dos mondadientes colocados a la derecha de cada cubierto; Nevera destartalada en la entrada pero pequeños marcos con fotos colgadas sin demasiado esmero de ilustres visitantes, donde puedes ver desde Miguel Induráin hasta Ferràn Adrià, y sobretodo una clientela pudiente y agradecida por las viandas que Nino (El dueño y alma mater del lugar) les va presentando. Así es el Restaurante García.

Nos dejamos llevar por él, y en pleno mes de julio llegó a nuestra mesa un carpaccio de espárragos blancos, otros recién cocidos y servidos con una leve vinagreta, borraja (sí he dicho borraja), y unos deliciosos tomates "feos de Tudela" directamente extraídos del huerto que tiene a escasos kilómetros del restaurante. De segundo un rodaballo al horno delicioso. Todo acompañado de un vino rosado de Murchante que maridó perfectamente con las viandas.

Nino, deseoso que viéramos su huerta, nos llevó en su furgoneta después de los cafés para enseñarnos sus tomateras, borrajas, pimientos, cerezos, etc, además de aleccionarnos sobre algunos puntos de los que yo no tenía ni idea. A continuación alguna de sus perlas: "Las borrajas se dan durante 10 u 11 meses y no solo en invierno" "La mayor delicatesen, más que los cardos de invierno son los esquejes que salen de las matas que no has acabado de cortar y que brotan durante esta época del año" (la verdad es que era uno de los platos que sirvió en otras mesas, pero nosotros no pudimos dar buena cuenta del mismo), "Qué es eso de que en julio no podemos degustar unos buenos espárragos".

De lo que comimos, solo los tomates eran todos de su huerta, ya que del resto también le dan suministro otros proveedores, y a los que les exige una máxima calidad. Los fogones están comandados por su sobrino cum-laude en la Escuela de Luís Irízar. Nino presume con orgullo de que por su restaurante no solo han pasado los retratados anteriormente mencionados, sino también los Subijana, Arzak y otros santos barones de la cocina más renombrada.

Buen final de fiesta de San Fermín camino de Barcelona, y además cargados con 2 cajas de sus preciados tomates que nos habían encargado. Volveremos sin duda!

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