En su botella de Glenrothes, tan solo lo diferencia de otros hermanos suyos la etiqueta, en la que podemos leer ese año 1975. Si nos encontráramos en una tienda podrías además ver otra etiqueta, la del precio, que marca 800€.
Dorado con reflejos ambarinos.
Nariz suave, aterciopelada, con aromas de ralladura de limón, praliné, un punto de plástico quemado... finísimo, sauve, con el acohol perfectamente integrado.
En boca vuelve a ser un caramelo, brillante, suave, apenas una leve punzada de ese alcohol penetrante, cremoso al tacto.
Una verdadera delicia, el pero, su precio.
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