Albino Gallo Díaz nació en la Galicia profunda y quedó huérfano a temprana edad. Hizo las maletas y emigró a una Catalunya que lo acogió. Trabajó muy duro toda su vida y lo hizo con tanta intensidad que llegó dónde quiso llegar, y si no llegó más lejos es porque ya tenía bastante con lo que tenía para ser un hombre feliz. Tuvo la mejor casa, el mejor coche, llegó a ser concejal del Ayuntamiento de Alella, su pueblo, fumaba los mejores puros y bebía los mejores vinos y cavas. Pero sobre todo tuvo la mejor familia, la que no tuvo cuando era una criatura y la que él quería tener, una cosa sólo accesible a los seres más privilegiados. Su dimensión humana, su excepcional humildad hacían que a pesar de ser el editor, el director, el dueño de su revista, la revista Orienta, las fotografías de los eventos a los que asistía las hacía personalmente. Ahora me viene a la cabeza uno de aquellos recuerdos, el día que un importante empresario, en un acto celebrado en Vilafranca del Penedès, le dijo: "Fotógrafo, haga una foto, por favor". Y Albino se la hizo. Aquel mismo día cené con él en su casa, junto con su mujer, su suegra y sus hijos. Después de cenar salimos al jardín, abrió una botella del mejor cava que tenía a su bodega y encendió su puro preferido. Le dije: "Albino, mira este que hoy te ha tratado de fotógrafo". Albino me contestó: "Si, pero mira si es desgraciado que ahora estará sufriendo por sus ventas y sus negocios y yo me estoy bebiendo una botella de cava y fumando un puro tranquilamente con un buen amigo". Si es cierto que existe la universidad de la calle este hombre era catedrático.
Mi relación con él se inicia hacia el 1986 en la Cofradía del Cava. Yo era un chiquillo y él era editor y director de Orienta, en una época en la que esta revista generaba una magia especial. Si en Catalunya te dedicabas al mundo del vino y tu fotografía aparecía en la revista Orienta era como si eras un actor que aparecías en la revista Hola. Un día, después de una cena en la Casa del Cava Albino se ofreció por acompañarme en su coche hasta mi casa en Barcelona. Aquel día nació más que una amistad, a veces nos reíamos del mundo y llegamos a reírnos tanto que incluso llorábamos.
Cuando acabé la mili empecé a trabajar en una editorial y tenía mi despacho en la calle Pau Claris, a pocos metros del despacho de la revista Orienta en el paseo de Gràcia de Barcelona. Muchos, muchos días, durante muchos, muchos años a primera hora de la mañana tomábamos café en el "drugstore", íbamos a comer a La Bodegueta, de la Rambla de Catalunya. Fue allí dónde sobre los manteles de papel escribimos el guión del primer proyecto importante de mi vida: La asociación Jóvenes Amigos del Vino. Sobre aquel mantel apuntaba lo que me decía... diseñamos mi futuro. Vivimos juntos una época memorable en nuestras vidas y él se implicó de tal forma que me asesoraba, me ayudaba, asistía a los actos que organizaba esta asociación, me hacía de chófer, hacía las fotos (fotos que después regalaba), pagaba su cena y después lo publicaba en la revista Orienta. Jóvenes Amigos del Vino creció y esto nos hizo viajar juntos por toda España. Estoy convencido de que cada uno de mis éxitos se lo hacía propio porque cuando le decía: "Albino, hoy he hecho esto", no me decía nada pero su mirada estaba llena de sincera ternura.
Últimamente nos veíamos poco, pero nunca llegamos a estar enemistados. Albino y Jordi eran verdaderos amigos. A veces hablábamos por teléfono y me seguía dando coraje y transmitiéndome una energía extraordinariamente positiva. No tengo ninguna duda de que si he llegado a lograr algunos pequeños éxitos estos han sido algunos de los grandes éxitos de la vida Albino Gallo.
Después de conversar hoy con su viuda he conocido que Albino sabía que su muerte sería inminente y pocos días antes de marcharse telefoneó a sus amigos para despedirse. Albino no me llamó por teléfono porque sabía que yo había perdido recientemente a mi padre y que su llamada para decirme adiós me hubiera dejado destrozado. Albino era tan bueno, tan inconmensurable buena persona, que no me llamó por no hacerme daño. Me conocía muy bien y sabía que para mí era mejor irse sin decirme adiós.
He buscado una foto con Albino para acompañar este escrito y he encontrado centenares. He elegido esta del día que recibió uno de los premios periodísticos que otorga la Acadèmia Tastavins del Penedès, en una época en que él estaba bien y yo mal. Hoy yo estoy bien y él descansa con paz. Se ha ido pero tendrá que pasar mucho tiempo para que lo haga por siempre, porque dicen que una persona no se marcha mientras haya una en vida que la recuerde. Y Albino ha dejado dos hijos y cinco nietos, lo que quiere decir que todavía estará vivo durante muchos años.
La vida me ha dado la oportunidad de conocer a muchas personas de diferentes razas, nacionalidades, culturas e ideologías, y en Albino encontré un ser excepcional. Mis amigos de Verema conocen mi preocupación por no tener tiempo para escribir en este blog con la misma asiduidad que antes. Y me parece “impresionante” que en los últimos días no haya encontrado el tiempo que he encontrado hoy para hablar de mi amigo Albino, esa buena persona con la que un día tropecé en mi vida. Gracias Albino, muchas gracias.