Falta le hacía a Oña un restaurante en condiciones. Con Blanco y Negro se cubre esta carencia.El nombre deduzco que proviene de las razas de los propietarios: blanca ella y negro él.Combina platos burgaleses con alguna innovación y con aportaciones del cocinero africano, como dos tipos de arroces con sabores exóticos y que están francamente sabrosos.Las entradas, tipo "picoteo", muy buenas: alpargatas de jamón, botones (champis), morcilla de Oña...Carta de vinos muy parca.Muy bueno el servicio brindado por la propietaria.RCP: satisfactoria.
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