Cenamos ayer en este restorán, que ocupa el lugar del añorado 20 a la Rambla. Después de cerrar éste estuvo un tiempo un japonés y hace pocos meses abrió La Fonda. No había tenido oportunidad y ayer, sin reserva y después de preguntar en algún otro, entramos. Nos atendieron amablemente; por dentro el lugar sigue muy bonito, con mesas bien vestidas de mantel y servilleta de tela. Un lujo para los tiempos que corren, correcta separación entre las mismas, entre que la música ambiental está muy baja y había pocas mesas ocupadas se estaba divinamente, pudiendo conversar sin problema. El aire acondicionado en el interior se agradecía mucho.
Compartimos calamares a la andaluza, buenos, ensaladilla rusa, también correcta, huevos estrellados con jamón, cumplieron sin más, croquetas de rabo de toro y de gamba-viera, conseguidas, y berenjenas crujientes; presentadas en tempura nos pareció lo más flojo. Pan con tomate le damos un aprobado alto.
Apenas miré la carta de vinos porque tomamos cerveza y un par de copas de Verdejo (Castillo de Berisa).
Precios muy comedidos en todos los platos, atención amable y competente -los platos salían a muy buen ritmo de cocina-a cargo de camareros muy jóvenes. No tomamos postre.
¿Cuántos locales hay en la ciudad con oferta parecida? muchísimos, ojalá éste encuentre su nicho y dure más que los anteriores.
Nosotros nos quedamos con ganas de probar otras raciones de la carta, volveremos. Además la RCP me parce extraordinaria para lo que se paga por aquí.
Las berenjenas.
Calamares andaluza.
Los huevos rotos.
Así me gustan a mí las mesas...
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