Al margen de la labor que los años hayan hecho para rebajar la bravura de "il diabolo" me parece que hay otro factor decisivo que también explica que yo pueda comer mis spaguetti a l'arrabiata: antes compatibilizaba la fución de chef con la de maitre/camarero (según el día o el momento). Actualmente sólo le veo en una función: tertuliano con sus amigos a la puerta o a la entrada del local. Si se lo puede permitir, hace bien...