¡Qué alegría leer una crónica que refleja tan bien el alma de nuestro trabajo! Como responsable de uno de los paneles de cata , te reconozco que me he sentido totalmente identificada con lo que describes.
Para nosotros, el rigor de la cata a ciegas es sagrado; es el momento donde nos desnudamos frente al vino sin prejuicios. Pero lo mejor, tal como mencionas, es ese debate posterior. En Madrid vivimos sesiones intensas donde el aprendizaje es constante y, aunque a veces las sorpresas al destapar la botella nos dejen boquiabiertos, esa es la magia de las catas a ciegas.
Es un orgullo ver cómo vinos que hemos puntuado con tanto mimo en el panel llegan a eventos como este y brillan con luz propia. ¡Enhorabuena por el post, nos vemos en la próxima copa!