Si ya pocos leen la lista de ingredientes de lo que compran y se comen, y consumen productos repletos de aditivos innecesarios e ingredientes chatarra, imagina si han de leer un código QR...
Yo haría un experimento sociológico. Poner en una etiqueta de cualquier producto alimenticio comercial, unas galletas, por ejemplo, que contiene dosis letales de arsénico, cicuta, matarratas industrial y que puede contener trazas de polonio 210 radioactivo. ¡Ah!, y como colorante esmalte Titanlux al plomo!
Seguro que se vendería igual y a ver cuánto tardaba alguien en darse cuenta.