El pasado mes de abril cayó otra de este vino y, aún si cabe, mejor que la botella de julio de 2016: aún más entero, un vinazo que compitió con un gran Burdeos de Pauillac: Château Clerc-Milon Grand Cru Classé 1994 (de un precio de mercado actualmente bastante por encima del Ygay 1989) y, al que personalmente, Ygay superó (al menos para mi gusto y el de algunos comensales más).
Ciertamente, el Pauillac era un gran vino, estaba muy bueno, pero para mí aún le faltaba botella y no había llegado a su total plenitud con 24 años.
Sin embargo, el Ygay 1989, con 29 años, estaba ahora mismo en su momento óptimo de consumo, un vino que rozaba la perfección pues lo tenía todo: fruta, acidez, taninos sedosos, densidad, cuerpo, volumen, estructura, sin aristas, maduro pero sin signo alguno de agotamiento, larguísimo en boca, una bestia EMHO...
Un abrazo