El color del vino de mi copa estaba más que velado, por lo demás, destacar la nariz: compleja, profunda y cambiante y también su fantástica acidez. A mí, más que a un Borgoña, me recordaba a un viejo jerezano, a caballo entre un oloroso y un amontillado. Muy complicado de encasillar de todas formas.
En cualquier caso, un privilegio. Nuestros rifles se van llenando de muescas, ¿eh Indiana?.
Un abrazo,