Jeje, sí, llevaba un montón de recomendaciones en la mochila...
Además del tema de la luz (que podían salvar con cortinas que se abrieran por el día y cerrarán por la noche) yo creo que aquí entra en juego ese modo de ser calvinista tan arraigado de vida ejemplar, verdad desnuda, nada que esconder...
Porque de noche, luces de dentro encendidas, apagadas las de fuera... Parecía un escaparate.
Me pateé Ámsterdam de arriba a abajo, y es lo que más me sorprendió, la exposición de la gente en la intimidad de sus casas a las miradas ajenas. Hubo momentos que fue un auténtico ejercicio de voyeurismo