Soy de pocas palabras y no me gusta discutir, así que en un caso como el que comentas me habría dirigido a la mesa del pasillo, esa que está a la entrada del bar, y habría seguido mi camino hacia la puerta a ver si veía a Jon para irnos a cenar a otro sitio.
Lo malo es que entonces no podría haber suspendido el entorno, ya sabes que yo valoro más una sonrisa de bienvenida, que unas paredes recubiertas de madera o unos cuadros de Muxarten o de Dalí colgados de las paredes.