Un gran vino desde luego el Ardacho, que veo ha ganado mucho en complejidad con unos meses de botella. Yo lo encontré más primario y con una mineralidad muy manifiesta. De momento guardaré como oro en paño la botella que me queda y seguiré esperando ansioso a que salga la cosecha 2013 (la 2012 está agotada) para intentar agenciarme alguna botella. Merece la pena visitar la bodega (el garaje, mejor dicho) y el viejo viñedo de donde procede este vino de la mano de su autor, Roberto Oliván, agricultor y enólogo que a pesar de su corta edad atesora mucha sabiduría en materia vinícola y tiene buenas dotes de divulgador.