Aunque la bodega no acabó cumpliendo con las expectativas que en ella había depositado, agradecerles el tiempo que nos dispensaron.
En cuanto al resto genial, especialmente las pochas entraron de maravilla, tanto que me zampé tres platos, (aunque hubo quién comió más que yo). Creo que entre ellas y un par de ibuprofenos me curaron el catarro.