Se la pimpló el solito.
Hizo un espacio en la mesa con su brazo, el codo bien apoyado, colocó la botella canaria en el centro entre su pecho y su antebrazo y no me dejó traspasar esa barrera en ningún momento.
Cuando me acercaba a esa "zona de seguridad", me miraba malencarao de abajo a arriba, alzaba el codo amenazante y gruñía.
:-(