Cuando uno leía y solo leía, u oía y solo oía los rifirrafes que se traía con sus colegas y las criticas que le caían por estas discrepancias, uno podía llegar a pensar que Santi estaba equivocado o cerrado en un criterio propio posiblemente erróneo.
Cuando visitas sus restaurantes o, lo que sin duda es para mi es el mayor punto de inflexión en este tema, cuando acudías a alguna de sus charlas o cursos de cocina, y comentabas con el de forma distendida de todo esto durante la cena, entendías perfectamente su mensaje y su criterio, conocías a la persona y realmente te quitabas el sombrero ante un profesional y un ser humano irreemplazable.
DEP