Para mí, también fue una gran sorpresa, encontrar buenos vinos en Rumanía. No conocía ninguno, pero he probado unos cuantos bastante aceptables. Me ha sorprendido encontrar tintos buenos. Pensaba que era un país de blancos, que los hay, pero tintos bien.
En una ciudad muy bonita y muy turística, llamada Brassov, hay unas cuantas vinerías en las que se pueden probar; en una de ellas, son superamables y me abrieron los que yo les pedí, a orientación de los chicos que los sirven, que saben de vinos rumanos, aunque no son sommeliers. El lugar es: le sommelier. Tienen muchos vinos rumanos y también del resto del mundo.
Allí probé unos cuantos blancos muy buenos, aunque no tomé nota de ellos. Pero recuerdo especialmente uno: Budureasca fumé del 2018, que lo encontré sensacional; unos aromas ahumados muy especiales, con cuerpo muy notable. Vamos que me encantó.