Efectivamente. El precio de los platos es parecido, pero en la bodega no hay color.
No sólo por la selección, que aunque sea bastante generosa en el Gordon Ramsay, comparada con el Celler se queda muy escasa, sino también en los precios. La mayoría de vinos se movían entre los 180 y 300 euros, mientras que en el Celler puedes disfrutar del maridaje por 100 euros o elegir varias botellas igual de buenas por el mismo precio.
Un claro factor que perjudica notablemente a los restaurantes ingleses es el elevado impuesto sobre el alcohol que hay que pagar allí.
Por cierto, aprovecho para corregir que el último postre tenía un bizcocho de bergamota (no lo he explicado demasiado bien me temo).