He comido la tarta de queso de Zuberoa, es genial, maravillosa. También he comido la del Atea (tú también, Oscar) y está riquísima.
Lo que no podemos hacer y menos nosotros, es comparar constantemente una experiencia con otras vividas pues entonces no somos lo que tenemos que ser: imparciales.
Y por mucho que un local nos haya enamorado, otros pueden hacerlo también. A su nivel, a su estilo.
Se puede comer en un local de tres o trescientas estrellas y a la noche disfrutar maravillosamente de dos huevos fritos con jamòn que nos harán disfrutar como chiquillos.
Un ejemplo más claro: vosotros dos habéis tenido la inmensa suerte de conocerme. Supongo que después habréis conocido a otras personas. Si las comparaseis conmigo..... pobres... Pero no, cada uno es cada uno. :-))))) Un saludo.