Este tipo de vinos me gustan cuando están justificados. He bebido algún Dingač de añada cálida, con mucho grado y color, que era sensacional. Lo mismo con un Priorat honrado, garnachas aragonesas, blatinas de bosnia, vinos de Naoussa, de la isla de Hvar o de viñas de Anatolia. Pero en el caso de Riscal no se justifica de ninguna manera. Una casa que tenía como bandera la elegancia, la finura, pues te hace una bomba de neutrones. Sin comentarios.