De eso se trataba, o se trata, de seguir la fiesta. Hubo una época en Madrid en que había locales semi-secretos que, a las 5, 6 ó 7 de la madrugada lo mismo te servían unos garbanzos con callos que unas alubias con liebre, calorías suficientes para seguir la fiesta hasta la madrugada siguiente. Brutal.