Pues dan pocas ganas de ir...
Antes, antaño, siempre subíamos cada cierto tiempo. Mi mujer y su familia cada año una vez al menos. Era una gozada, lo tenía todo: naturaleza, restauración, tipismo, compras atractivas...
Un par de veces paramos de camino en el restaurante El Castell de La Seu, joé, cuando la gastronomía de allá nos llevaba mil años a la de acá... ¡que tabla de quesos maridada!
Y luego a La Borda del Avi.
Y encima tenían ropa de rugby (que en España res de res)
Y buenos hoteles...