Como no conservo la ficha de cata del jamón, ni loncha alguna del mismo y, además, es la primera vez que hago una cata, como tal, de este tipo de manjares; mi comentario va a ser un poquito pobre. Decir que en la fase visual ya indicaba lo que después se confirmaría, con ese color tan oscuro y brillante, esas vetas y la tonalidad casi ocre de la grasa. Que en la fase olfativa corrí peligro de ahogamiento por la abundante producción de mis glándulas salivares, aun se excitan recordando el olor, que era muy penetrante y que, tengo que confesarlo, apenas nos conocimos pero lo echo de menos. Y que en la fase gustativa, su sabor, ese sabor, tan intenso, combinado con el del cava que lo acompañó, hizo que cerrando los ojos y tapándome los oídos me transportara a Guijuelo. Cuando abrí los ojos y volví, los dos rapaces que pululan por mi casa de continuo me habían limpiado la mitad del plato, así que lo que quedaba lo cedí resignado a la madre de los rapaces y yo no lamí el plato por no explicar a mis hijos lo que estaba haciendo...
En definitiva, me encantó, nos encantó a los cuatro. A ver si Julián nos hace precio a los veremeros...