Recuerdo bien el dichoso vídeo y también que inmediatamente después fui a la caza del dichoso vino. Lo que me querían cobrar en el susodicho super me parecía exagerado, pagar 30€ por lo que vale 15€. O sea que me puse a buscar importadores en páginas web y a punto estuve de hacer un pedido de 6 botellas y compartir gastos con amigos. No sé muy bien qué paso, pero al final la cosa se diluyó y acabé olvidándome.
Lo que me fascina de todo esto, es descubrir que algunos aficionados al vino somos como cazadores de tesoros, siempre en busca de ese "vino revelación", de ese vino que por poco dinero nos abra las puertas a las sensaciones que dejan los grandes. ¡¡¡Un Reignac mejor que un Petrus, wow, yo quiero probarlo!!!
Con el tiempo he llegado a la conclusión de que todo forma parte de una ensoñación, que la fascinación de los grandes está en buena parte en su precio inalcanzable y el prestigio y el áura de exclusividad que han atesorado con los años. Al final, es esa aura la que nos hace disfrutar de una experiencia inolvidable. Amén de que estén muy buenos, claro.