Arrieros de verdad

El restaurante se encuentra en Linares de la Sierra, uno de los pueblos más espectaculares de la Sierra de Huelva.

Dispone de dos salones, el principal es un hermoso cuadro costumbrista recordando en todo momento para qué sirvió el corralón de la casa, con cuatro mesas, bastante cómodas, tres de ellas mirando a una chimenea abierta, de la cual, si se solicita, en los días de frío, se extraen brasas para pertrechar unos braseros que la jefa de sala dispone en los bajos de las mesas para mayor confort, si cabe, de los clientes. Tienen otro salón, más moderno en su construcción, pero más frío y poco acogedor, desentona con el resto del restaurante, en un piso algo más bajo del principal. Tiene una cuatro mesas.

Me temo que han cambiado la mantelería, pues ahora tienen juegos damascados de color marrón, y la vajilla y cubertería son agradables y útiles. Las copas de vinos son corrientes y aceptables, de pie alto y globo burdeos magnum.

La iluminación, por lo general, es natural, salvo que por ausencia de esta se encienda. Todo esto hace que la estancia en el restaurante sea muy agradable y confortable.

Solo atiende una persona, y es sumamente agradable, amable, educada y muy eficaz. Se trata de la pareja de Luismi, el cocinero -no dije que es un negocio familiar-. En ningún momento se sufre la sensación de acoso por parte del servicio del restaurante al contar sólo con una persona.

Hablemos de comida. Soy cliente habitual del restaurante, he seguido su trayectoria desde hace unos ocho años. La carta está compuesta completamente por productos de la tierra y alguna inclusión forastera. La carta de vinos es completa, pero las referencias están bien cuidadas; desgraciadamente los precios, como viene siendo habitual en restauración, son muy altos - de este tema podríamos hablar en algún hilo, si no se ha tratado todavía. Desde que tráfico endureció las sanciones por positivos en control de alcoholemia, ha descendido el consumo, y los restaurante directamente han aplicado la ecuación de " si consume menos, que paguen el doble", y duplican o triplican los precios- y los clientes se cortan muy mucho a la hora de pedir una botella, con lo que al final te tienes que conformar con una referencia muy corta, aunque correcta.

Llamé para reservar un lunes, que suele estar cerrado, y me ofrecieron la posibilidad de abrir solo para nosotros - espectacular-
Pedimos el menú degustación, gazpacho de fresas(muy bueno y refrescante, carpaccio de presa de paleta con virutas de foie, y reducción de vinagre (exquisito, se deshacía en boca dejando un gusto complejísimo, sopa de tomates (la estrella de la carta, los tomates son recogidos en verano y embotados en conserva para todo el año; esta sopa se sirve caliente y está aderezado con especias refrescante de la zona; cilindros de solomillo ibérico de bellota relleno de delicias ibéricas (muy rico, pero algo seco, a pesar de la grasa del jamón; y la otra estrella, la mini hamburguesa de pluma y boletus o amanitas cesáreas (cogidas en la Sierra de Huelva) de la que Martín Berasategui ha dicho que es la mejor hamburguesa del mundo(excelente, es cuadrada y ¡no se sirve con bollo!; de postre la inevitable "poleá", una especie de gachas hechas con leche y aderezadas con azúcar y anís estrellado (deliciosa)

El vino fue un Raimat Abadía de 2006, a 13 euros, que resultó agradable, bien servido a una temperatura perfecta.

El precio final fue de 35 euros el menú degustación, incluido el café, más dos aguas y botella de vino.

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