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Restaurante El Laurel : El retorno de Toñi Vicente
| 7.0 10 |
El retorno de Toñi Vicente
Alegon 14/01/11 20:33
Fecha de visita:
04/01/11
Precio por persona:
55.0
€
El Laurel es un restaurante del que salimos con buenas sensaciones a pesar de que tiene una personalidad poco definida. Seguramente condicionado por una localización extraña, pero que sorprende por tratarse de una cocinera con estilo propio.
Se encuentra en la carretera principal de Noalla, a pocos metros de la Playa de La Lanzada (le forma más sencilla de llegar es dirigisrse hacia allí por la vía rápida que lleva hasta la playa)y en la zona de apartamentos de veraneo. El local forma parte de un edificio de apartamentos un poco vetusto y que no ayuda a la firma. Por zona, puede llenar en verano pero los inviernos serán largos. De hecho, el día de la comida, en pleno enero, con la clientela potencial saturada de las fiestas, solo se ocupó una mesa: la nuestra con dos personas.
Pese a lo dicho, el local es muy acogedor, el personal muy correcto, y se olvida el feo entorno de carretera en unos segundos.
A lo que vamos: se come muy bien.
Sorprende la carta. Mezcla platos elaborados que colman las espectativas con que se entra con otros de cocina tradicional que se pueden consumir en cualquier figón de las cercanías (una merluza a la gallega o un entrecot de ternera).
Optamos por un menú degustación con algunas variaciones.
Entramos con un salmón marinado con helado de queso de cebreiro. Una exquisitez.
A continuación, unas vieiras con espárragos y jamón crujiente. Perfectamente pasados por la plancha, solo cabe valorar el producto.
Siguió un plato de merluza con un jugo de pimiento verde. Estaba riquísimo, pero recordaba demasiado a otra merluza comida en Casa Marcelo, en Santiago. Siendo las comparaciones odiosas, la de Marcelo estaba mejor (hace dos años de aquella comida y aún la recordaba).
Se cerró la comida con un plato de pichón de bresse asado con un punto de cocción jugoso espectacular. Y mejor aún su guarnición: una pera al vino rellena con puré de castañas a evocar por mucho tiempo.
De postre, torrija caramelizada. Una textura novedosa en un postre nada empalagoso pese a su nombre.´
Café servido con detallitos muy golosos.
Carta de vinos corta pero variada e incluso descompensada. Y a pesar de ello faltaban referencias aquel día (se excusaron porque tras los días de fiesta aún no había llegado el proveedor). No obstante, muy correcto su servicio.
Carta de rones pobrísima: tres referencias de marca ordinaria. Espero que los bebedores de ginebra encuentren mejor y mayor variedad por ser mayoría.
En definitiva, un restaurante de gran potencial al que le falta coger confianza en sí mismo. Seguramente la cogerá con los llenazos en verano. Por mi parte, volveré el próximo 4 de enero llevando mi propio ron por si las moscas siguen con las mismas botellas.
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