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Restaurante La Hacienda : El verano ya llegó...
| 4.5 10 |
El verano ya llegó...
Don_Enrique 19/07/11 18:39
Fecha de visita:
17/06/11
Precio por persona:
40.0
€
...Y a mí dudo mucho que me vean el pelo más.
Me limitaré a comentar aspectos negativos esta vez. Si durante los meses de otoño-invierno-primavera siempre he disfrutado de una magnífica carne a precios comedidos, de un servicio cercano y detallista pero sin resultar pesado ni pretencioso, de un entorno tranquilo donde poder conversar, etc. Me desdigo totalmente de todas las alabanzas dedicadas en mi valoración anterior, en todo lo relativo al servicio, a la RCP y al entorno. La calidad de la carne, la bodega limitada pero solvente y la presentación siguen siendo buenos.
En lo tocante al servicio, pésimo esta vez, se nota la marcha de Joaquín Jr. a su país. En esta ocasión un chico que quiso y no pudo se veía desbordado por tan solo 5 o 6 mesas, en la terraza. Terraza encantadora con capacidad para varias decenas de mesas más, pero cuya disposición el día de mi visita pareció que satisfacía las ganas de alguien de jugar al "Tetris". Me explico, entramos previa reserva de mesa, llega el camarero, nos pregunta qué mesa queremos y respondemos "Alguna de por allí, si puede ser..." (en referencia a una zona más apartada de clásicos del verano como "Familia numerosa IV", "Grupúsculo de barítonos", "El bebé de Satanás", etc.). El camarero se gira, ve las mesas de "allí" desmontadas (entiéndase por desmontada sin mantel, servilletas y dos copas) y nos espeta "No, allí están desmontadas, tiene que ser ésta" (una mesa pegada a una especie de hiedra-enredadera que se empeñó en acariciar mi nuca, coja y al lado de la puerta -perdiendo de este modo el sosiego del jardín, pues a un lado nos comíamos al vástago de Satanás y al otro las brasas ardían como si de en casa del susodicho nos encontrásemos-).
Aturdidos, nos sentamos y pedimos que traigan algo para fijar el tambaleo de la mesa. Lo curioso es que nuestra petición no fue atendida ni cuando el propio camarero que asintió ante la propuesta inicial sirvió el vino, comprobando como casi se van al suelo las copas. Indignante. Finalmente, tuvimos que ser nosotros quienes lo hiciéramos a base de plegar servilletas y tener que "hurtar" las de una mesa (vestida, ojo. De gala) próxima.
Por otro lado, el trato al cliente. Nunca me ha gustado, y muchos lo saben, que me hagan favores o me obsequien con prebendas y agasajos fuera de lugar. Además, muchas veces uno se da cuenta de quién le regala un licor, o le convida a una degustación de cualquier cosa, o le ofrece una breve pero amable y sincera conversación con gusto y simpatía, y quién lo hace por "cubrir el expediente". Desgraciadamente, en este lugar me tenían más acostumbrado a lo primero que a lo segundo, con lo que la desgradable sorpresa fue mayor.
Hasta el momento, en mis visitas a este restaurante me había sentido muy bien, era un cliente habitual y por tanto me consideraba alguien a quien ofrecer un pequeñísimo trato deferente. Un saludo, una gracieta, algo... En la visita que relato pareció como si me hubiera sometido a una intervención quirúrjico-facial o algo así. Al saludar al propietario (que, por cierto, tuvo que venir a traernos platos que se congelaban literalmente en la barra, pues nuestro camarero favorito parecía haberse olvidado de que los habíamos pedido y estaban listos para servir)percibí esa sensación de "Ah, eres tú... Hola y, por favor, no me molestes" que, en estas circunstancias, no estaba justificada (no había mucho trabajo) ni me esperaba tras muchas visitas y mucho dinero gastado ahí.
La traca final vino con la cuenta. Donde en otras ocasiones, como la que relaté en el comentario anterior, cené maravillosamente por 40 euros (incluyendo bebidas, entrantes varios, carne, vinos, cafés, postres, licores, cava, etc.) en esta ocasión la cuenta ascendió a 80 € por una ensalada, dos cervezas, un Rafa Cambra Dos, dos solomillos y dos cafés. Me quedé helado, y eso que la cena se salvó y puedo afirmar que disfruté de la comida y la bebida.
Ciertamente, llegado el verano he tenido sensaciones más agrias que dulces. No puede existir tanta diferencia entre el servicio, el trato, el detalle, dependiendo de que sea temporada alta o baja. Pero parece ser que sí existe. En fin, por opciones no será. Dudo mucho que vuelva...
