Tras haber pasado la mañana visitando la bodega de Ginés Fernández (Gancedo) había que buscar un sitio donde comer y, dada la hora, no era cuestión de alejarse mucho de donde nos encontrábamos. Enseguida nos acordamos que de camino a la bodega habíamos visto varios carteles que indicaban la proximidad del Palacio de Canedo, el complejo hostelero que el empresario berciano José Luis Prada fundó hace unos años y que cuenta con hotel, restaurante, tienda, bodega y viñedos. La idea era picar alguna ración en la barra del bar y, sin tiempo que perder, salir pitando para poder acercarnos a esa maravilla de la naturaleza modelada por el hombre llamada Las Médulas. Con esa intención nos adentramos en el interior del Palacio, edificio del siglo XVII rehabilitado y decorado con mucho encanto. Sin querer nos plantamos en una galería porticada abierta al campo provista de varias mesas ocupadas en su mayoría y desde las cuales se contemplaba un espléndido paisaje de viñedos y montañas. Con semejantes vistas quedarse a comer en el restaurante era poco menos que obligado, así que desistimos de meternos en el bar y dejamos que una de las camareras nos acomodara en el comedor principal. Nos entregaron la carta y, tras estudiarla, decidimos compartir los entrantes y luego que cada uno se pidiera un segundo. Entre los primeros había varias cosas que nos apetecía comer, pero haciendo un ejercicio de contención nada más solicitamos un par de platos con idea de dejar sitio para los contundentes segundos. Así, nos sacaron para compartir lo siguiente:
- Pimientos asados ecológicos (10€)
- Empanada (7€)
No puede decirse que ninguno de ellos sean platos para el recuerdo, pero no estaban mal. Eso sí, las raciones nos parecieron un tanto escasas.
Como segundo en mi caso pedí un Botillo (12€), que va escoltado por una buena cantidad de garbanzos, berza, patata y chorizo. Con una ración de este pelo no hay riesgo de irse con hambre, y lo lógico hubiera sido pedirla como plato único, pero, como uno es un tragón si hace falta, a la cocina nada más volvieron los huesos. He leído comentarios que dicen que el botillo que sirven en este establecimiento es bastante mediocre, opinión que no voy a discutir ya que es un plato con el que no estoy familiarizado. A mi me pareció una preparación agradable en su conjunto, aunque, eso sí, con unos garbanzos de calidad algo justitos.
Como no soy de perdonar el postre, me pedí una ración de Tarta de castañas (4,5), que como todo lo anterior estaba bueno pero sin llegar a emocionar.
La carta de vinos se centra en los que la bodega del Palacio elabora. Pedimos una botella de Prada a Tope Reserva 2005 (18€), servido en copas correctas y que acompañó perfectamente la comida. Mientras tomábamos los cafés con los que dimos fin a la comida se acercó a interesarse por cómo había ido todo el dueño del negocio, con el que estuvimos conversando durante unos minutos. Tras ello, y ya sin tiempo que perder, salimos raudos hacia Las Médulas, que a la hora a la que llegamos, con el sol otoñal ya cayendo, parecían más mágicas y bellas que nunca.