Excelente restaurante, en el corazón del animoso y, a veces fashion, Barrio del Carmen. Se accede por una callejuela infame que le confiere un puntito muy interesante de "no para cualquiera". Fabulosa la antigua casona o palacete restaurado con mucho gusto.
Presentaciones de mesa minimalistas en su mayoría con toque asiático en ciertos platos.
Vinos bien seleccionados, muy muy cortos en cavas.
Ambiente muy cool.
Agradable, atento y refinado el servicio pero....lento.
Hay que repetir (si van renovando carta, claro)
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