Tras haber pasado la mañana en Olvera, pueblo de singular belleza declarado Conjunto Histórico-Artístico, nos acercamos a la hora de comer a la no menos pintoresca localidad de Setenil de las Bodegas, en lo más recóndito de la serranía gaditana. Pocos pueblos puede uno encontrar tan espectaculares como éste, en el que las casas, el río y la montaña se entremezclan formado un único elemento.
Tras aparcar, tarea que nos llevó lo suyo, pues las calles además de empinadas son estrechas, lo primero que hicimos fue buscar un sitio para comer y ante la falta de referencias decidimos entrar al local que mejor impresión nos causara. Todo lo que encontramos derrochaba tipismo tanto en carta como en instalaciones, excepto un restaurante que daba imagen de ir un poco a contracorriente. Casi sin dudarlo nos metimos en él, y vaya si acertamos. Nada más entrar uno se encuentra con un espacio amplio, luminoso, decorado con gusto y elegancia, cómodo, fresco y con una de las vistas más espectaculares que cabe imaginarse. El comedor estaba vacío, pues según el encargado del local, el verano es temporada baja en esta zona de interior, que recibe turismo sobre todo en primavera y otoño. Tras una cálida acogida, nos acomodan en una de las mesas ubicadas junto al amplio ventanal (increíbles vistas) y hojeamos la carta mientras nos tomamos una cerveza. La cocina se centra en especialidades serranas, pero para llegar a un público más amplio no faltan arroces y pescados de la costa. Disponen también de varios menús, que fue la opción que más nos convenció a todos. El elegido fue el denominado Menú Turístico, que por 15€ incluye 5 platos, pan y servicio. A tener en cuenta también que pagando un suplemento de 5€ existe la posibilidad de maridarlo con diferentes vinos. Los platos servidos fueron los siguientes:
- Anchoa sobre mouse de tomate
- Milhojas de queso de cabra con membrillo y frutos secos
- Selección de aperitivos de marisco y langostinos
- Migas de Setenil con chacinas, huevo frito y pimientos
- Flan casero
Muy buen menú en su conjunto, destacando la anchoa, pieza grande y de excelente sabor, y las migas, muy bien elaboradas. Más flojito nos parecieron los aperitivos de marisco, que básicamente eran unos fritos rellenos de besamel y tropiezos de marisco. La verdad es que difícilmente se puede comer mejor por este precio. La próxima nos daremos una vuelta por su carta, que trasmite muy buena impresión
Para beber tomamos una botella de Payoya Negra 2009 (19€), un poderoso tinto local que nos gustó a todos y que nos fue servido en buenas copas y perfecto de temperatura. El encargado de sala, persona sencilla y muy agradable, es un gran aficionado al mundo del vino, de ahí que en la reducida carta de este restaurante haya espacio para los vinos del interior gaditano y de la serranía de Ronda, con referencias nada habituales en otros locales. El detalle es de agradecer, aunque según nos contó se trata de vinos con difícil acomodo entre los clientes, que siguen asociando tinto con rioja o ribera y blanco con rueda. Rematamos la comida con un café y una copa de Osborne Oloroso Bailén, en mi caso, y de amontillado en los demás.
Grandísima experiencia, la verdad, que repetiremos en cuanto haya ocasión.
Esos 15€ por el menú que comentas parecen muy pocos ... Está claro que la selección del restaurante fue acertada.
Pero es que además del precio casi irrisorio, los demás aspectos que normalmente tenemos en cuenta a la hora de valorar un local eran de notable. ¿Cuantas veces hemos comido a muy buen precio, pero las instalaciones eran de traca, la carta de vinos sin interés o las copas inadecuadas? Yo en unas cuantas. Aquí, en cambio, todo estaba a un buen nivel. La pena es que esté tan lejos.
Sí, la verdad es que está "un poco" a desmano ;-)
Me resulta muy interesante también que la carta de vinos permita probar cosas de la zona.
Ya me lo ha dicho algún compañero más y quizás no te falte razón. El tema de puntúar es muy complicado y una de las cosas que suelen influir sin que nos demos cuenta es el contexto en el que se encuentra el restaurante visitado. Me refiero a que si el nivel medio de la restauración en una comarca o región es muy inferior al del lugar en cuestión es fácil que sin querer lo sobrevaloremos. En donde abundan restaurantes de postín, en cambio, tendemos a hilar más fino. Viene a ser un poco como la valoración que le daríamos a un árbol si está en mitad de una llanura cuando pega el sol o si se encuentra en medio de un bosque. De todas formas mi subjetividad, entiendo yo, se mueve en el terreno de lo razonable y a la hora de puntúar sería una especie de redondeo al alza. Un saludo Jose.
Si vieras la etiqueta del vino (muy bonita, por cierto) verías un dibujo de una cabra de raza payoya. El queso que se hace con leche de estas cabras se llama queso payoyo (¿Capisci?). Por cierto, si no has probado este tipo de queso, que se hace en la sierra de Grazalema, en Cádiz, es que no eres un auténtico quesero. Está entre los 5-10 mejores del mundo, eso seguro.
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