Cocina tradicional sin grandes complicaciones, un minilocal bastante acogedor (aunque el mobiliario no es muy allá) y trato informal (que a veces también se agradece), carta de vinos un poco justita, aunque muy bien de precio (menos de 5 € de sobre precio). Un carpaccio de ternera bastante rico, unos chipironcitos a la plancha sensacionales, y una lubina al Orio que hubiese estado excepcional (buen producto), si la hubiesen sacado 5 minutos antes del horno, pero sin duda, lo mejor, la carrillera de novillo al vino tinto, y el postre con un milhojas a base de frutas ácidas, y reja de chocolate, y acompañada de una tulipa de helado de parmesano soberbio. El precio ya no es tan tradicional, 40 € por barba, bodega aparte (25 € de un Secastilla).
Como curiosidad, nos invitaron a una copa de PX Noe, y sin embargo, nos cobraron un par de copitas de manzanilla La Güita a 3,5 €, debiendo mejorar el servicio de ambos, ya que nos lo sacaron en vasos de chupito altos.
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