Situado en el precioso pueblo de Godella encontramos esta casa de pueblo

Situado en el precioso pueblo de Godella encontramos esta casa de pueblo transformada en moderno restaurante, blanco inmaculado en su interior y suelo de pizarra. Perfecto equilibrio entre el estilo modernista y el cláscico de la propia casa, respetando alacenas, chimenea, etc. Patio interior precioso.
Cocina de mercado con notas modernas, nada estridente, sencilla pero exquisita. En algunos platos se nota el paso del cocinero, Salva Ramírez, por los fogones de Chicago. Cocina internacional de buena calidad. Exquisitos los pescados, el rollito de calabacín, cigala y torta del Casar (excepcional el perfecto equilibrio de sabores) y buena repostería.
Vajilla, mantelería y cubertería cuidada y adecuada, copas correctas, sin marca pero de geometría y grosor adecuados.
Bodega natural aprovechando una cueva natural que tenía la casa, selección de vinos algo simple, pero con algunas referencias adecuadas. Tomamos Rafael Cambra Uno.

El problema de este restaurante es la sala: servicio poco profesional para el precio del cubierto, nada acorde con la gran cocina que se está elaborando. Cuando pagas sobre 50€ por cabeza la sala se ha de cuidar mucho más.

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