Espectacular color ambarino oscuro, luminoso, con un ligero precipitado al fondo de la botella. Mucha sensación de grosor, reflejos dorados, anaranjados, lágrimas gruesas, permanentes.
Nariz potente, sin tufos iniciales, de una complejidad y profundidad pocas veces vista, cambiante, de gran recorrido. Mantiene en todo momento una expresión reductiva ultra-elegante y un profundo carácter varietal, con una viura en pureza, así como una extraordinaria tipicidad de blanco tradicional riojano. Al tomar un mínimo de aire: explota!! Este vino no huele, se proyecta como una antena amplificadora que no para de emitir información. Necesitamos una sesión de cata entera sólo para él, para seguir su ritmo vertiginoso y no perder comba. Un vino poliédrico formado de diversas capas. Inicialmente afloran notas reductivos a panal, ceras, incienso, y un fondo más hosco y misterioso a marmite-vegemite, notas punzantes, algo parecido a yodados, salinos y minerales a piedra de fusil, silex, polvorilla, pedernal, que nos trae el recuerdo de un gran Chablis. Bufff!!! Evoluciona a finas notas abocadas que nos traen el recuerdo a miel de romero, almendra, dulce de leche, café bombón, vainilla. Envolvente, un espectáculo.
En boca abruma por su extraordinaria acidez, grosor, por la juventud, vivacidad, frescor, amplitud... Esa sensación de chispazo nos sacude en todo momento y sirve de base para vertebrar el vino y encajarlo todo en su sitio. Un blanco elegante de estilo tenebrista, lleno de claroscuros y de espacios aparentemente distantes pero en plena armonía. Su extrema reducción se engarza en la gran cantidad de fruta madura. Los notas amieladas y dulzosas contrarrestan la potencia de los acídulos. Majestuoso.
Más clásico que una película de John Wayne. Un blanco que sitúa a Rioja en lo más alto del universo vinícola. Un vino que es la perfección en sí mismo. Ya no diremos vino, diremos Y G A Y !!!!!
Más información del vino: http://vinosclasicos.blogspot.com.es/2013/06/castillo-ygay-1940-blanco-reserva.html
Son vinos que ponen el listón al resto. Nosotros abrimos unos cuantos Castillo Ygay de 42, 64 y 68, y desafortunadamente tuvimos que descartar un 1934 que estaba afectado de tca. El del 59 es asignatura pendiente pero creo que por ahí hay un 1917 que puede recompensar la ausencia. Es difícil de creer que estos vinos se mantengan a tan alto nivel después de tantos años. Un saludo!!!
Ese 59 lo probé en una cata de la bodega y me impresionó en todas sus fases, con crianzas superiores a los 25 años. El 68 también es grande, al igual que el de 1925 cuyos números impresionan, 5 años de crianza en barricas semi-nuevas y 33 años de crianza en barrica vieja. ¡Se embotelló en 1964! Una forma de entender el vino que ya nunca volverá.
Jo, qué ganas tengo de cruzarme algún día con una cosa así. Menos mal que nos lo explicas tan bien que uno casi hasta lo huele... aunque seguro que no es lo mismo ;) Saludos,
Ferran
Qué lujazo de cata esa!! Los viejos Ygay eran vinazos y diría que los Murrieta reserva tampoco tenían nada que envidiar a sus hermanos mayores, al menos hasta la añada de 1960, con esas crianzas que también superaban los 20 años... Por el momento nos tendremos que conformar con no perdernos ninguna oportunidad de volver a probar estas joyas. Un saludo!!!
Pues no hace tanto tiempo que estos Castillo Ygay aún se encontraban en las tiendas... Da mucha pena ver esos Murrieta reserva de supermercado que nada tienen que ver con lo que eran antes.
Joer, Helios, te estas pasando ya, deja de hacernos salivar y de rabiar de envidia ;-))
Enhorabuena una vez más por el comentario y por descubrirnos y acercarnos estas joyas, estos Ygays viejos son mi asignatura pendiente, a ver si cae alguno en mis manos...
Saludos
a ver si acabo de una vez ya de colgar las notas de cata de los vinos que hemos ido probando los últimos meses. Los Castillo YGAY son grandes, sobre todo las añadas más veteranas, y no bajan el nivel ni los tintos ni los blancos. El de 1942 fue una maravilla y los del 64 y 68 no le pierden el pulso. Un saludo!!!
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