Reservamos en la terraza abierta en el hotel de enfrente. Las vistas de la ciudad, la brisa y la tranquilidad crean un entorno excelente pero el servicio se resiente. Pedimos un cava como aperitivo y llegó junto con el vino y los primeros entrantes (croquetas de jamón, croquetas de perdiz y torta del casar). Después casi 25 minutos de parón y seguimos con la cena. Canelón de berenjena, foccacia de foie y una cazuela de huevos con jamón. Destacar la torta del casar servida con dos mermeladas y los canelones de berenjena; tiernos, en su punto. Sin embargo la focaccia muy seca donde sólo resalta el sabor del queso. Los huevos parecía que estaban hechos al horno pues no estaban nada grasientos cosa que se agradece pero el ibérico era testimonial. De postre pastel ruso y creppes. Ambos muy normalitos.
Para beber Pago de Los Capellanes (35.-eur) a temperatura correcta cuyo servicio consiste simplemente en el descorche. Supongo que por las dificultades logísticas la carta de vinos está reducida a unas pocas referencias.
Quizás lo peor es que las raciones son mínimas y no precisamente baratas (¿huevos 15 euros? ¿1/2 torta del casar 14?) de modo que hay que pedir variedad de tapas y al final la cuenta se dispara aunque el entorno hace que te olvides incluso del puyazo.
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