Restaurante El Bohío en Illescas
  

Restaurante El Bohío

61
Datos de El Bohío
Precio Medio:
107 €
Valoración Media:
8.3 10
Servicio del vino:
8.8 10
Comida:
9.0 10
Entorno:
7.3 10
Calidad-precio:
7.8 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Manchega
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 49,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: domingos y lunes noche. Agosto

Teléfono

Restaurante El Bohío El guiso de patatas con costillas El Bohío Huevo con cocochas, patatas y piparras El Bohío en Illescas Anchoa con remolacha y queso Restaurante en Illescas flan de caramelo Restaurante El Bohío naranja,campari y azafrán El Bohío menu El Bohío en Illescas Queso, miel y manzana verde Restaurante en Illescas Ropa Vieja con caldo de Cocido Restaurante El Bohío Versión del Pisto Manchego de El Bohío El Bohío Flan de Caramelo El Bohío en Illescas Ciervo asado con foie gras y cerezas Restaurante en Illescas Trufa hecha en un caldo del cocido Restaurante El Bohío El postre El Bohío El Bohío en Illescas

61 Opiniones de El Bohío

Local que te puede pasar desapercibido ya que se encuentra en el paso de la antigua carretera de Madrid a Toledo (hoy ya desviada por la autovía para bien de casi todos) y que al estar un poco por debajo del nivel del asfalto y con muchos coches que tapan casi por completo la entrada, puede pasar inadvertido. La entrada da directamente a la cocina reformada y ampliada y con gran protagonismo de espacio; una escalera con una alfombra roida por el paso del tiempo (¿?) da acceso a la planta superior con varios pequeños comedores (recomendable el de la bodega recientemente abierto) con un ambiente en la decoración que no es nada cálido.

El origen del local es una casa de comidas justo a mitad del camino Toledo-Madrid, llevada por la familia (abuela y madre previamente) del mediático chef Pepe Rodriguez, que por supuesto no estuvo presente en el servicio. Mesas bien separadas, unas con mantel de tela y otra con la madera lisa como superficie de contacto sin tan siquiera un mantel individual como la nuestra. Mucha gente en el servicio con impecable formación, pero con sensación demasiado distante que incomoda; la explicación de los platos se limitó poco más que a la descripción incluida en la carta y dicha con inusitada rapidez que en algunos casos con las últimas palabras ya marchándose de la mesa y cogidas casi al vuelo. Local casi al completo, al menos en lo que pudimos ver del comedor en que nos alojaron al grupo de ex Noma´s con una lamentable falta por cuestiones familiares en el propio Toledo.

No vimos todas las cartas de vinos (son 7 volúmenes amplios bien encuadernados) y nos limitamos a los espumosos presentes en el volumen de blancos extranjeros. Espectacular carta de vinos muy merecidamente premiada, pero también con precios desproporcionados. Entre esta situación y el regreso en coche a Toledo nos limitamos a un sencillo Privat Brut Nature (31,82€+IVA). Agua con gas Pedras y agua sin gas de filtración propia de El Bohio (3,18€ c/u) más una coca-cola. El servicio de vino académicamente perfecto, pero el relleno de copas algo elevado (con el calentamiento consiguiente) aunque luego no se apretó con más botellas quedándonos en un solo y "barato" espumoso, para manifiesto disgusto del sommelier; en ningún momento de la cena se mantuvo en enfriador ni el vino ni el agua, así que daba igual el llenado de copas ¿?. Los vasos de color verde oscuro utilizados para el agua con agua congas, dificultaba a los camareros apreciar si estaban para rellenar o no, con loo que en algún momento se notó en falta.

La carta de comidas tiene formato de tríptico dejando a un lado las opciones de maridaje para cada menú; en el otro lado está el menú de temporada por 90€ con 2 entrantes, 4 platos y 3 partes dulces. En el centro y para que destaque claramente el Menú Degustación (135€), que a pesar de la nocturnidad, y el coche de regreso, no pudimos resistir. Aparte se paga la degustación de panes servidos con insistencia que incluía pan de aceite, de trigo de invierno, pan hecho al horno de leña, focaccia y algún otro más. El menú elegido, con todos los elementos servidos de forma individual a los cuatro comensales, consistió en:

. aperitivo de bienvenida y extra por cortesía de la casa: un detalle de sopa de boquerones y algas. Muy correcta.

. snacks de un bocado y en dos servicios: ensaladilla rusa y merengue, ensalada de mango y gambas, roca de pulpo aliñado, ternera a la mostaza, media croqueta de jamón. Todo en buen nivel pero cabe destacar la media croqueta, sólida a modo de barqueta y el sabor de la roca de pulpo y su aliño.

. gazpacho de aceitunas, sopa de hierbas y almendras: aceitunas con un interior sorprendente. Bien.

. escabeche de perdiz y carabineros: algo cargado de vinagre como sensación final (para mi gusto, para otros no lo fue).

. pepito de queso y trufa: 3 láminas de trufa negra (poco intensa) sobre un mini pepito, correcto.

. empanadilla de bacalao: con un detalle de salsa que recordaba los callos (y luego nos hizo pecar). Destacable.

. la pringá del cocido, berza y su caldo: la pringá (pelota rellena de la carne del cocido) magnífica representación de lo que es la cocina de Pepe: producto clásico casero y elaboración actual. Muy recomendable.

. lubina, jugo de pollo asado, anises y salsifis: buena combinación de elementos con ese vegetal poco conocido y usado, la lubina en buen punto de cocción pero en el plato resultó menos jugosa de lo deseable. Bien.

. jugo de cochino en salsa verde con gambas y tendones: buen mar y montaña con profundo sabor. Recomendable.

. sopa de ajo, vieras y coco: muy arriesgado el coco con lo demás. Gustó poco a unos y nada a otros.

. lomo de ciervo asado, compota de manzana, hinojo y fruta de la pasión: perfecta pequeña porción de carne, muy jugosa, muy poco paso por plancha, sabrosa y protagonista del plato. Muy recomendable.

En este punto, dos de los comensales nos atrevemos a suplementar el menú con una tapa de callos (emblema de la casa): aquí no hay modernidad de elaboración o presentación, aquí solo está el producto y un sabor de 10.

. limón y wasabi: bonita y original presentación; cumple bien el paso de salado a dulce.

. helado de nata, chocolate, vinagre y café: bonita presentación a modo de láminas. Correctos sabores sin sobrecargar de dulzor. Bien.

. locuras dulces para el café: helado de queso con gelatina de miel en la base y manzana verde, galleta de avellana, bombón de torrija, merengue de vainilla y café, chocolate blanco y fruta de la pasión. Muy minis (menos el vasito con el primero que fué el más aplaudido) y muy cumplidores con buena presentación conjunta.

. unos extras de café e infusiones notables de sabor, que se sirvieron con demasiada antelación a los petits fours y que solo la alta temparatura de servicio permitió compaginarlos.

Poca charla, no más allá de preparar la comida de mañana de camino de regreso a casa. Las casi 3 horas de servicio a buen ritmo de platos desde cocina, aconsejan pronta vuelta a la carretera y regreso al hotel en Toledo. Un buen disfrute más del grupo unidos para siempre por la experiencia Noma. ¡Cuánto bien hizo aquella mala comida!.

Aquí se cocina bien, desde los tiempos en los que no cocinaba nadie, al menos, al lado de la carretera. Un gran restaurante en todos sus sentidos y aspectos. Servicio, profesionales y por supuesto cocina. Son muchos años, ya , mucho saber hacer y se nota. Trato excelente desde el inicio, supervisión permannte, distancia adecuada, amabilidad, comunicación y simpatía. La cocina obedece a un mandato : actualizar la cocina de la tierra con sus pros y  contras, sin perder el sentido, pero sin perder tampoco la noción de los tiempos en que vivimos. Cocina tradicional, con las limitaciones de la tierra( obviamnete en Illescas no hay merluzas ni marisco que yo sepa), pero apurando y optimizando al máximo las ventajas y virtudes de la misma, con los recursos técnicos actuales..y con su talento, claro¡¡¡. 

Pedimos un menú de 115 más IVA, intenso , moderno, de la tierra, poderoso y contundente, ..pero mostrando que las cosas se pueden hacer distintas, con gusto, con personalidad pero sin extravagancias ni excesos postmodernos, eso...mejor intentarlo en otros lares.Un menú completo, poderoso y contundente, con algunas presentaciones de riesgo bien finalizadas, deconstrucción variopinta y capaz de satisfacer a cualquiera.

Local amplio, cocina que vimos recién renovada, todavía no terminada y espectacular. Amplio , confortable , clásico.

Y la carta de vino..buffff, impresiona y solo vi la de tintos, mejor ir con tiempo. Buena elección y buen servicio y creo que en otras condiciones y peticiones podría haber sido mejor

 

Local un tanto extraño, tiene su origen en el mesón familiar, que han ido cambiando y adaptando a los tiempos.

Sala de corte clásico, muy formal, me atrevería a decir que un tanto distante. Personalmente, no me encuentro cómodo en ambientes tan rígidos, y este lo es.

Carta de vinos apabullante, al principio me traen dos tomos de carta de vinos tintos, nacionales y extranjeros, al pedir vinos blancos, no pasa nada, me traen otros dos tomos, impresionante. Precios de vinos altos.

Optamos por un Lurton 2012 Verdejo.

Funcionan con tres menus:

Menú del día a 37 €
Menú de temporada a 49 €
Menú degustación a 95 €

En ningún caso se incluyen IVA ni bebidas

Optamos por este último, la primera foto incluye el contenido de este menú.

Sin más preámbulo comienza la sección snacks servidos por el orden que reflejan las fotos.

Crujiente de wasabi, patatas con cochino y crujiente de bacalao y yogurt: Buen comienzo, la patata con cochino, sencillamente espectacular; el crujiente de bacalao y yogurt muy suave y agradable, el crujiente de wasabi, bien solamente.

Carcamusas: Etéreas.

Ajoblanco con fruta de la pasión: Para repetir y recomendar.

Foie gras con sardina: Interesante combinación de sabores. Muy acertado

Rocas de sésamo y maíz: Bien solamente.

Lentejas con butifarra y macarrón de parmesano: Impresionante, para repetir y recomendar.

Escabeche de pollo de corral, cebolla y aceite: Bien simplemente.

Sopa de pescados y mariscos espaciados: El sabor herbáceo el caldo hace subir enteros al plato. Para repetir,

Fideos del cocido e un caldo de jamón y verduras: En la pequeña porción queda condensado el sabor de un cocido de tres vuelcos entero. Espeso, sabrosisimo, potente. Un platazo. (La foto correspondiente no es mía, la he tomado de Internet, no se como la hice, pero la encontré cortada)

Huevo con cocochas, patatas y pizarra: Uno de los platos más famosos del lugar, no me extraña, como yo digo, para levantarte y aplaudir.

Crema de pichón y foie gras, uvas y del caldo del morteruelo: En mi opinión, demasiado potente, comprendo que es un guiño a la cocina manchega, pero muy fuerte.

Costilla de cerdo, anguila ahumada, leche de albahaca y curry: Carne muy tierna y sabrosa. Plato original.

Ventresca de atún, su pelota y el caldo de verduras: Buen sabor a nivel global.

Pichón asado con bizcocho de chocolate, higos y ciruelas: Perfecto de sabor, buen contraste de sabores.

Comenzamos con los postres

Frutos rojos, vainilla y regaliz: Refrescante, gran sabor.

Flan de caramelo: Otro de sus platos más famosos, y tampoco me extraña, original, presentación muy elegante, gran sabor, adjunto dos fotos, cerrado tal como se presenta y abierto, donde aprecia el flan en el interior de la esfera. Impresionante, para repetir.

Para acompañar nuestros cafés con hielo, vienen dos petit fours.

Trufas, macarrones y Cañas fritas y un bizcocho de limón y yogurt.

Gran cocina, de vanguardia sin olvidar las raíces manchegas.

Visita de camino hacia Extremadura , por lo que fue sin vino. Mesa en el piso de arriba muy bien vestida. Recepción correcta y no decidimos por el menú primavera , con aperitivos , cuatro platos y dos postres. De los platos muy buena la sopa de ajo a su manera, luego un calamar , bien de cantidad y de carne presa ibérica con encurtidos , pepinillos y tomate seco, muy bien cocinada, aunque sin ningún misterio. Dos postres, uno de coco , bueno y otro de varios chocolates muy bueno. Platos correctos , bien de cantidad pero en un restaurante con estrella michelin esperas algo mas de elaboración. Además hay que mencionar el servicio . Está bien que seas sobrio y profesional, pero luego hay que demostrarlo. Hacia tiempo que no nos servían el café cogiendo el plato con las dos manos, además de alguna otra cosa, como uno bastante joven, arrastrando los pies por el restaurante como hacen mis hijos por la calle, y los intento corregir, por lo que dado el precio que pagas salimos bastante defraudados. Si este restaurante tiene una estrella, en Valencia conocemos un par que igual tendrían que tener dos.

Largo tiempo desde nuestra única y última a El Bohío de Illescas. Creemos que fue hace unos seis años. Nuevos tiempos en el exterior (ahora de blanco), y en el interior donde se ha reformado el piso superior. Se han conformado varias salas privadas, una de ella resulta amplia, moderna, con una bodega acristalada donde se puede divisar las botellas más emblemáticas y representativas de las cerca de 800 referencias. En ella, tenemos la suerte de ser ubicados. Se nos invita a la relajación, sientes que te van a cuidar.

En la Avenida Castilla La Mancha de Illescas, se despliega una cocina de raíz castellano-manchega, pasada por un tamiz estético, sin que ello reduzca en absoluto su esencia. Exaltación del territorio que en esa comunidad sólo se alcanza en Las Rejas de Manolo de la Osa (otro santuario). El sabor como vehículo de placer y compresión para el comensal. Nitidez y potencia. Sencillez y evidencias sin rodeos filosóficos ni conceptuales. Las técnicas para nada son protagonistas estando al servicio del gusto, y el atractivo visual. Destacan los emplatados elegantes, compactos, coloridos, atractivos. Estos platos comienzan entrando por la vista, y automáticamente después regocijan el paladar. Cantidades justas, cada plato (menos el cordero) compuesto de tres “cucharadas”, que empujan a llegar, a seguir degustando.

Apabullante comienzo con ocho aperitivos que llegan casi al mismo tiempo a la mesa. Un comienzo casi frenético que impulsa ese recuerdo infantil de desplegar gominolas y decidir por cual comenzar. Con el paso del tiempo, las chucherías se han convertido en: una fina teja de crujiente de cerdo, unas patatas con cochino representadas por una gigante corteza que esconde el tubérculo en su interior, carcamusas, ajoblanco con fruta de la pasión en forma de bombón con un buen contraste de sabores, el macarrón de mascarpone, unas lentejas con butifarra que con un solo bocado te dicen que te comerías un plato sopero (de diez), un crujiente de bacalao y yogur, el foie gras con sardina (combinando grasas) , y las rocas de sésamo y maíz con las que se recomienda finalizar por tener el toque más dulce.

El menú es una ordenada sucesión de platos que clara y afortunadamente va de menos a más. Ascenso sápido gradual que ayuda a estar preparado gustativamente para cada lance. Lo primero en llegar es el escabeche de pollo de corral, cebolla y aceite, probablemente la muestra de mayor técnica. Texturas, temperaturas y gusto, y armonía.

El gazpacho de frutos rojos es un ejercicio de equilibrio perfecto entre acidez y dulzor. La primera de las demostraciones de magia partiendo de la cocina más común.

Se juega visualmente con la sopa de mariscos, y pescados especiada. La clorofila esconde el mar en un fondo que destaca por conjugar sabor y levedad, resultando en cucharadas elegantes.

Subimos un peldaño en cuanto a potencia al llegar al Huevo, cocochas, patatas y piparras. Combinación untuosa con toques agri-picantes que resulta atractiva en boca.

El plato potencialmente más complejo es la Sepia salteada con un guiso de puerros, wasabi y coco mezclando amplias notas dulces con ligeras notas de picor. A nuestro modo de ver, los pequeños “sepionets” pasan algo desapercibidos.

Como mar y montaña, el rabo ibérico con espardeñas y alubias. La montaña mucho más representada vía la potencia de ese rabo prensado, untuoso, que se lleva al huerto al pepino de mar, haciéndole sucumbir, y quedando relegado a un segundo plano. Ennobleciendo al ibérico.

La tendencia actual de degustar una de las partes más nobles del atún en crudo se desmorona cuando llega a la mesa la Ventresca de atún, su pelota y caldo de verduras. Fondo que vuelve a mostrar esa cualidad de la cocina de Pepe Rodriguez el sabor, y su livianidad, pura elegancia. El túnido jugoso y en papel protagonista. Un guiso noble de mar.

El pase de más de tres bocados es el Cabrito asado, semolina y melón ó como un “asado” puede vestirse de frac. Sientes la infinidad de formas de hacer cocina, el camino de evolución y respeto de esos hornos de asar castellanos. Aguda la incorporación de la fruta, contribuyendo con frescor, limpieza en cada ingestión. Una muestra de cocina inteligente, siendo muy cortés con el clasicismo.

Es evidente que Pepe Rodriguez Rey marca una línea clara de deferencia y evolución hacia la tradición, alcanzando su cúspide en los dos últimos platos que se añaden gentilmente. Son los que podríamos denominar la “gran pareja bohiana”. Igual que en Casa Gerardo se debe finalizar con fabada, ó en el Portal de Echaurren las croquetas son un deber, en el Bohío se acaba con Ropa vieja y su caldo del cocido, y los callos tradicionales. La pujanza de la primera potenciada por su caldo seduce a la vista desde esa armonía en las presentaciones, un pequeño potencial pero puede ser un exceso de pimentón.

Los callos al menos merecen un párrafo exclusivo. Personalmente les considero un símbolo de vicio, de potencial gula que surge cuando el diablo gastronómico que algunos llevamos dentro nos susurra: “ ¿Te imaginas comer hasta saciarte? Venga, no seas cobarde y pide más”. No hicimos caso al de cuernos con rabo por esta vez, pero “esta afrenta” no quedará así. Volveremos. Como tener embobada a la Belucci y solo besarla con los labios pegados y gelatinosos. Belleza y cocina sin edad.

Tras el calentón final, llegan los postres, en ambos destaca un equilibrio sugerente entre la acidez y el dulzor; ni uno ni otro sabor destaca pero los dos están presentes. En primer lugar la suavidad aparece en la mesa con las Escamas de azúcar, yogur y chocolate blanco . Postre que se revela delicado y sútil. Un corte cuasi-brusco en la fuerza sápida a través de la acidez del yogur.

Seguidamente Fruta de la pasión, praliné y sal de kikos, de nuevo danzan en pareja los sabores anteriores y también a la vista resultan misteriosos sin mostrar sus ingredientes principales. Muy agradable.

Se finaliza con el Queso, miel y manzana verde sencillo, y resultón con un agradable mezcla de texturas, y una pequeña serie de petit fours : trufas, gominola de fruta de la pasión y cañas fritas.

Entorno, sabor, estética, respeto a los raíces creando caminos de evolución. Además de los aperitivos, destacan la sopa de pescados, y mariscos, el huevo con patatas, y cocochas, esa ventresca de atún, el rabo ibérica con espardeñas, y los históricos callos. Otra saga más que da brillo a la gastronomía española. Disfrutemos de ellas.

El Bohío: Sabor, estética, y raíces.

Para el post completo y fotos http://www.complicidadgastronomica.es/?p=4166

Después de más de seis meses hemos vuelto a visitar nuestro restaurante de cabecera. Pequeños cambios estéticos, empezando por un lavado y pintura de fachada que ahora es blanca. Ya en el interior y en el salón de arriba, me fijé que había puesto unos biombos para separar algo las mesas y lo mejor, han hecho otro reservado en la parte de arriba con una bodega vista muy muy bonito. Sala grande donde creo que pueden entrar fácil 12 personas.

Vamos con lo nuestro. Nos colocaron en uno de los reservados “pequeños” de la parte de arriba. Perfecto para las tres personas que íbamos. Martes a mediodía y el restaurante prácticamente lleno. Solo dos mesas libres.

Hicimos el menú degustación largo que ahora cuesta 99 € más IVA al que añadimos unos callos para terminar y entre medias nos pusieron un sopa de ajo de llorar. He probado varias versiones en esta casa y esta está en mi top1. Este fue el menú

- Aperitivos. Lentejas con butifarra, Carcamusas, foie con sardina, rocas de sésamo, macarrón de parmesano y ajoblanco de coco y fruta de la pasión.
- Escabeche de pollo de corral, cebolla y aceite. Éste último helado, una especie de granizado. Plato nuevo y muy rico.
- Gazpacho de frutos rojos. Otra versión de su gazpacho. Tampoco lo conocía.
- Sopa de pescados y marisco especiada. Plato conocido y muy bueno, con un fondo impresionante.
- Huevo con cocochas, patatas y piparras. Ya lo habíamos probado, no nos cansamos.
- Sepia salteado con jugo de puerros y wasabi. Nuevo pase y nuevo acierto. La sepia a la brasa con un guiso perfecto.
- Rabo de cerdo con espardeñas y judías. Platazo.
- Ventresca de atún, su pelota y el caldo de verduras. Otro pedazo de fondo.
- Pichón. Chocolate, ciruelas e higos. En su punto y gran contraste de los toques dulces del acompañamiento.

- Escamas de azúcar, yogur y chocolate blanco. Uno de mis preferidos en esta casa.
- Fruta de la pasión, praliné y sal de kikos.
- Queso miel y manzana verde.
- Petit

Pedazo de fiesta y homenaje. Para el bebercio, llevamos un Claude Cazals millesime 2006 y luego Mario nos sirvió un Ribera que no lo parece y está increíble Preludio de Sei Solo, para los postres un moscatel malagueño 2008, no recuerdo el nombre, de vendimia tardía. Rematamos con gt’s de MMiller westbourne. Todo servido a temperatura perfecta y coperío de nivel.

El servicio al nivel acostumbrado de 10. Atención perfecta. Muchas gracias a todos. Volveremos¡¡¡¡¡

Hacía algún tiempo que no íbamos a casa de los Rodríguez a darnos una fiesta y la verdad, ha merecido la pena la espera.

No voy a describir el menú puesto que está en su web. A éste añadimos los callos, la ropa vieja y un postre más. Un auténtico festín con el que no acabé con la sensación de pesadez y llenón que sí he tenido en otros sitios. Tal vez, seguramente, sea debido a las horas y al buen bebercio.

Llegamos a eso de las 13.45h y nos íbamos a ir cerca de las 20.00h cuando decidimos que ya que estábamos allí sería buena ocasión de hacer un doblete. Y eso hicimos¡¡¡ En esta ocasión Pepe nos hizo un menú con una mezcla de clásicos como el bacalao y el cabrito con algún plato que está probando. Uno de ellos, un guiso de rabo de cerdo con espardeñas realmente impresionante.

Salimos sobre la 1 de la mañana, con una sonrisa en la cara y con ganas de volver. Una autentica experiencia gastronómica.

En ambas ocasiones estuvimos en los reservados. Probamos los dos.

Comentario aparte para Diego y todo su equipo con José Carlos, Rubén y Mario a la cabeza. Gracias a todos por hacerlo tan bien y aguantarnos, sobre todo aguantarnos. Por todos los detalles desde antes de entrar por la puerta hasta mucho después de salir. Servicio de 10 en ambas comidas. Como decía en el título, como estar en el salón de casa y eso estando el restaurante lleno.

En el tema del bebercio. Hablé con Diego y llevé un par de champagnes para empezar. La cosa quedo así:

- Claude Cazals. Blanc de blancs
- Christophe Mignon. Meunier.
- El reventón.
- Tardieu Laurent. Cotes du Rhone.

- y por copas. Para callos y ropa vieja: Amontillado Tradición
- para los postres: Lustau India solera.

Para la noche, una par de burbujas.

- Piollot Rose.
- Suenen blanc de blancs.

Unos gt's perfectamente servidos ayudaron y mucho a llevar semejante festín.

Pongo el precio del menú largo sin extras.

3 años después, volvemos a este templo gastronómico, para nosotros sin duda EL MEJOR RESTAURANTE DE CASTILLA LA MANCHA.

En este tiempo Pepe Rodriguez Rey se ha hecho muy mediático con el programa Masterchef, incluso con las uvas en la pasada nochevieja por TVE.. pero su cocina sigue siendo para muchos la mejor desde hace tiempo. LA COCINA DEL RECUERDO, como comentabamos con una persona del equipo de El Bohío... sabores potentes, de raíces profundas en la tradición, concentrados, en un formato totalmente nuevo y sorprendente. Cocina manchega, abrazada con platos de la cercana Madrid y cada año más, algunos toques exóticos que nos encanta que poco a poco se hayan introducido en este templo gastronómico (ajo negro, curry, sopas especiadas con toques asiáticos, etc.)

Porque quisimos pasar el dia DE REYES en su casa. Porque también se puede innnovar con un morteruelo, un cocido, o un potaje. Porque los REYES no son 3, son ellos dos.

Os dejo fotos y nuestra experiencia personal en el blog. Espero que os guste y sea útil sobre todo para los que aún no se deciden a ir!!

PARTE 1: http://la-cocina-creativa.blogspot.com/2014/01/restaurante-el-bohio-2014-en-casa-de.html

PARTE 2: http://la-cocina-creativa.blogspot.com/2014/01/el-bohio-2014-en-casa-de-los-reyes.html

Llevábamos ya casi un año con la intención de ir a esta “casa de comidas” tan galardonada, pero entre unas cosas y otras no ha podido ser hasta la semana pasada. Aparcamos frente a la puerta y la verdad es que nunca pensamos que el famoso restaurante El Bohío pudiera recibirnos con una fachada tan rústica, como si de un mesón más se tratara (nos llevamos la misma sorpresa que con Las Rejas). Cualquiera diría que dentro se encuentra el que puede ser unos de los tres mejores restaurantes de Castilla-La Mancha. Buena recepción por parte de Diego Rodríguez que nos acompañó hasta la mesa.

Estuvimos en la sala situada en la planta baja para unas 30-35 personas, partida en tres espacios separados por dos arcos. Mesas generosas en tamaño y bien separadas. Ambiente rústico, quizás demasiado espartano, aunque va por gustos. Nos colocaron en una mesa redonda y amplia junto a una de las ventanas con cristales emplomados, a través de los cuales se veía la frenética actividad de una legión de jóvenes cocineros en prácticas. Ese día Pepe Rodríguez se encontraba cumpliendo con sus compromisos de la televisión.

En general, atento servicio por parte del numeroso servicio de sala, aunque nos llamó la atención el que nadie pareció interesarse sobre cómo había ido la comida. Si he de destacar a alguien, ese fue el sumiller.

Buen servicio de pan: Rebanadas de un pan de pueblo genial y pan de aceite de muerte.

Oferta estacional según mercado con clara inspiración en la cocina castellano-manchega, aunque con elaboraciones y presentaciones actualizadas. Se compone de tres menús. Nosotros, en esta primera visita, nos inclinamos por el menú de temporada (49€ + IVA + 3.10€ de servicio).

Comida para tres personas:

- Snacks de bienvenida: Patatas con cochino, crujiente de wasabi y brandada de bacalao. Bien en conjunto, aunque destacó con luz propia las patatas con cochino (no pudimos reprimirnos y pedir repetir esta delicatessen tan campechana).

- Sopa de coliflor con arenque y maíz tostado: Delicada sopa bien acompañada de unos trocitos de arenque marinado. Además una especie de chip crujiente elaborado con maíz. Atrevido y resultón este plato. A lo tonto, este fue el plato que más comentamos y del que mejores recuerdos nos llevamos.

- Ropa vieja y el caldo del cocido: Una especie de rulo elaborado con las sobras de un cocido (carnes, garbanzos, patatas, etc.) y aderezado con una pizca de pimentón dulce. Resultón pero nos defraudó un poco. Potente de sabor pero nos pareció algo seca la preparación. Menos mal que los chupitos de un excelente caldo lo compensaba.

- Bacalao frito con jugo de adobo: Taco de bacalao grueso y bien frito, con gabardina fina y crujiente. El único problema que vimos es que el corazón del taco estaba literalmente frío y crudo. Se complicó mucho su degustación ante la dificultad de partirlo con la paleta del pescado.

- Cordero con picada de frutos secos: Rollo de carne de cordero asado en en horno. Tenemos que decir que estaba bastante jugoso y con buen sabor, pero esperábamos algo menos convencional. Se presentó sobre un pisto manchego algo sabroso en vez de los frutos secos.

- Callos tradicionales: Magníficas tapas de callos (esta vez elaborados y presentados sin vanguardismos) con el afortunado reposo de unos días para que ligue la salsa que proporcionan morros y patas. Nos ofrecieron repetir y cómo negarse ante semejante atención. Tengo que decir que las tapas de callos no se cobraron, aún cuando las pedimos durante la comanda, lo que dice mucho del buen hacer de esta casa.

- Postre de limón y yogurt: Aunque buenos los dos trocitos de una especie de bizcocho de limón con sorbete de yogurt, nos pareció un postre escaso y simplón. No creo que tenga la entidad de postre.

- Macarrons de café y trufas como detalles de la casa en la sobremesa.

En la sobremesa nos ofrecieron un café o chupitos que no declinamos. Tomamos un orujo Lúa realmente rico.

Estupenda oferta de vinos presentada en varios libros. Ya desde el principio teníamos claro un vino de la zona por lo que el magnífico sumiller (José C. De La Fuente) nos dejó el correspondiente libro solo con vinos de Castilla-La Mancha. No eché siquiera un vistazo al resto de la oferta, pero me imagino que haría las delicias de cualquier entusiasta al vino. Precios dentro de lo razonable (x1.5). Nos decidimos por La Viña Escondida 2008 (41€+IVA), servido perfecto de temperatura y en buenas copas Schott. El sumiller siempre atento a rellenar las copas y atento a si todo iba bien.

Precio total: 227.21€ (incluido IVA, pan y servicio 3.10€ por persona, 2 botellas de agua grande, un refresco y la botella de vino).

Nota: El precio por persona indicado corresponde a la de una comida con el menú de temporada con IVA, servicio y sin bebidas.

Dos citas gastronómicas anuales tenemos marcadas como ineludibles en nuestro calendario y son la comida de bienvenida a la primavera en El Celler de Can Roca y la celebración de nuestro cumpleaños en El Bohío. La primera ya tuvo lugar hace unos meses con notable éxito y la segunda, que coincidió con nuestro aniversario, no le fue en absoluto a la zaga. Esta vez tomamos la acertada decisión de disfrutarlo y compartirlo con más amigos y al final nos juntamos 8 personas que pasamos 6 horas de auténtico deleite en Illescas. Por temas de espacio nos acoplaron en un lateral del luminoso y sencillo comedor de arriba donde estuvimos muy cómodos y a gusto y elegimos el menú degustación (95 euros) con algún cambio en directo y añadidos de última hora. Veamos.

Los “snacks”: siempre son una delicia los aperitivos del inicio que esta vez tomamos con una copa de Manzanilla Pastrana. Pasaron un buen número de ellos, el cremoso y fresco foie gras con sardina, el chispeante crujiente de pescado, las adictivas patatas con cochino, el contraste de la aceituna con lichi, la delicada versión de las carcamusas con su copa de sangría, el curioso merengue de fresón con boquerones, las deliciosas rocas de sésamo y maíz y el macarrón de parmesano, que no probamos. Juegos de sabores y texturas que te despiertan y preparan para lo que viene, que les garantizamos que no es poco…

Jugo helado de almendras, gamba y ajo negro: una de esas composiciones veraniegas con las que Pepe nos sorprende, balanceando los sabores de la almendra amarga con un sutil ajo negro y la gamba, en un plato frío que no deja indiferente a nadie por sus contrastes y sabores. Gran comienzo.

Anchoa con remolacha y queso: un clásico del restaurante que no habíamos probado, de impecable presentación. Lo mejor sin duda el marinado de la anchoa, una delicia, contrastando con el puré de la remolacha. Lo peor el queso, demasiado fuerte para nuestro gusto…un plato de contrastes.

Las verduras del cocido en ensalada: por este tipo de platos nos apasiona la cocina de Pepe, sí, son unas verduritas del cocido marinadas y en ensalada, parece un plato de hospital, pero…¿y el sabor? Pues eso, una auténtica delicia, delicadeza y contundencia perfectamente unidas formando un equilibrio imposible.

Huevo con cocochas, patatas y piparras: nos quedamos sin palabras, plato moderno con el que Pepe consigue unos balances de sabores y texturas difíciles de igualar, jugamos de nuevo con equilibrios que parecen imposibles pero que se conjuntan con una elegancia y armonía propias de los más grandes.

Galleta de Pichón y foie gras con morteruelo especiado y frutas: un gran clásico del local que resume a la perfección la esencia de la cocina de Pepe: producto, sencillez, sabor, contrastes y raíces manchegas. Esto es como la gamba del Celler pero trasladándonos a La Mancha. No nos cansaremos nunca de comer esta maravilla.

El guiso de patatas con costillas: este es el típico plato que hace que no haya consenso total con este restaurante, mucha gente piensa que cómo es posible que se pongan unas patatas con costilla en un “estrella michelín”. Pero… ¿las han probado? Pues sí, unas patatas con costilla, pero señoras y señores qué costilla, qué patata, qué caldo, qué sabor y qué plato. Altísima cocina con nombre popular.

La ropa vieja y el caldo de cocido: quizá el tótem de todos los platos de Pepe, el clásico imprescindible que siempre hay que poner y como en la mesa había debutantes en esta casa su presencia se hacía perentoria. Este plato justifica el desplazamiento a Illescas, pruébenlo y luego díganme. Ese caldo es algo mundial…

Pichón asado sobre un taco de corteza de cerdo: hemos probado aquí el pichón elaborado de varias formas y siempre con notable éxito, todo se basa en una materia de primer nivel y una preparación como debe ser, sangrante por dentro y marcado por fuera, con todo el sabor de sus jugos. El taco de corteza de cerdo añadía más untuosidad. Excelente.

Hasta aquí llegaba la parte salada del menú, sin embargo nos dieron la posibilidad de pedir dos platos extras y no la rechazamos, la mitad de la mesa pidió uno y la otra mitad el otro.

Nuestra versión del potaje de bacalao y espinacas: ya nos fascinó el pasado año pero este ha llegado a la perfección. Presentado deconstruído y en una composición cromática muy atractiva, es pura delicadeza, con una conjunción de sabores y texturas sencillamente inigualable. Plato del año hasta el momento junto con la “comtessa” de espárragos del Celler.

Callos tradicionales: los callos de Pepe son siempre un imprescindible por su sabor, su melosidad y su fuerza perfectamente medida. Llevaban hechos un par de días y necesitan 4 para llegar a su cénit, pero aun así estaban deliciosos. Para mojar el pan que nos quedaba e incluso pedir algo más.

Vamos con los postres…

Escamas de azúcar, yogur y chocolate blanco: un buen pre-postre debe ser una delicada transición entre lo salado y lo dulce y eso es algo que aquí tienen muy claro. Plato de tonalidades blanquecinas, fresco y complejo, con un perfecto balance entre dulzor y acidez, incluso amargores y sin apenas protagonismo del azúcar. Genial.

Postre de pistacho en 6 texturas: postre conocido de otras ocasiones y no por ello menos sorprendente, una oda al fruto seco verde en 6 composiciones, helado, esferificado, en crema, en oblea, al natural y en tortita. Uno de los grandes postres que podemos degustar en toda España.

Un excelente café (como siempre) y los deliciosos “petit-foirs” para acompañar, que en esta ocasión consistieron en un bizcocho de limón y yogur y las tradicionales trufas, macarrones y cañas fritas.

Ya hemos comentado en anteriores ocasiones lo que nos gusta esta cocina por esa mezcla entre lo tradicional y lo moderno sin perder la esencia de la tierra en la que nos encontramos. Ahora simplemente podemos confirmar que no se ha bajado la guardia y que el nivel continúa siendo el mismo, de auténtico sobresaliente, mirando a la cara a los más grandes restaurantes de España. En esta ocasión señalamos cuatro platos que rozaban la perfección en todas sus facetas, el huevo, las patatas con costilla, la ropa vieja y el potaje de bacalao, rozando el sobresaliente el resto y sin prácticamente altibajos, solo quizá la anchoa pero más por el queso (muy fuerte para nuestro gusto) que por el plato en sí, que era excelente.

Para beber quedamos en aportar una gran botella de nuestra bodega por cada uno de los asistentes, aunque siempre suele aparecer alguna de más que desde luego bienvenida es. La selección final fue de las que impulsan a un menú del nivel que disfrutamos al mismísimo paraíso gastronómico.

Manzanilla Pastrana: un clásico de Vinícola Hidalgo, una manzanilla “single vineyard” que una vez más demostró su variabilidad entre botellas, ya que ésta no era la mejor. En cualquier caso, un vino siempre apetecible. Bien con los primeros “snacks”. [Punt: 8,5/10]

Champagne Hure Freres Terre Natale 1999: excelente y desconocido Champagne con 10 años de crianza en rimas, gama alta de un productor muy fino. Frescura y complejidad, cuerpo y prestancia. Perfecto con la segunda parte de los “snacks”. [Punt: 9,1/10]

Champagne Clos Cazals 1999: la “cuvée prestige” de Claude Cazals es este soberbio Clos situado en Oger. Complejo, barroco, largo y enorme, puro placer, entrando en su fase de madurez que mantendrá mucho tiempo. Fantástica armonía con el jugo helado de almendras. [Punt: 9,3/10]

Egon Müller Schzarhofberger Spätlese 1999: botella de subasta (Grosser Ring), joven, intenso y complejísimo en nariz, una delicia en boca, pura seda, pura finura, hablamos del productor más grande del Mosela y de toda Alemania. Original y distinta su armonía con la anchoa. [Punt: 9,5/10]

Bonneau du Martray Corton-Charlemagne 1991: bufff, qué pasada de vino. Joven, mineral, eterno, puro terroir, cambiante en copa, acidez, estructura, un portento. El mejor Corton que hemos probado y entre los mejores Borgoñas blancos. Celestial con las verduras en ensalada. [Punt: 9,6/10]

Contino Reserva 1976: de menos a más, algo más evolucionado en nariz pero con una boca fresca y directa, sin ser la mejor botella dio la talla sobradamente. Grandes estos Continos de los 70. Fantástico con el huevo, aunque guardamos algo para la parte final. [Punt: 8,6/10]

Ceretto Barolo Bricco Rocche “Brunate” 1996: Barolo serio y austero, un 96 de libro, auténtico, complejo, joven y tánico, un gran vino que como muchos otros de esta añada durará una eternidad. Un perfecto acompañante de la galleta de morteruelo. [Punt: 9,2/10]

Roberto Voerzio Barolo Fossati-Case Nere “Riserva 10 anni” 2003: la más alta gama de Voerzio en un vino que sale con cuentagotas, apenas 1800 botellas y tras 10 años en bodega. Absolutamente sublime, un himno al nebbiolo, pura sutilidad, pura elegancia. ¿Dónde está la añada cálida? Increíble su fusión con las patatas con costillas. [Punt: 9,7/10]

Viña Tondonia GR 1994: comenzado su larga vida y mostrando todo el encanto de los Tondonias, un vino que nunca pasará de moda, una delicia en un año formidable pleno de elegancia. A repasar en 20 años. Con la ropa vieja, dos clásicos en el plato y en la copa. [Punt: 9/10]

González Byass Palo Cortado Vintage Sherry 1982: la última añada en salir al mercado de González Byass, una rareza llena de finura y profundidad, un palo cortado técnicamente perfecto. Selección de una bota y apenas 600 botellas. Un vino único en su estilo, auténticamente esencial. Salvaje con los callos. [Punt: 9,8/10]

Chateau Climens 1994: el más grande productor de Barsac en una añada no muy buena pero que dio la talla sobradamente, fino, elegante, muy definido, con más terruño que botrytis, con buenas perspectivas de mejora. Mejor que el Yquem en este año. Gran acompañante del postre de pistacho. [Punt: 9,3/10]

Yalumba Muscat Museum Reserve NV: un “rare muscat” australiano muy rico, es la primera vez que probamos este tipo de vinos y son algo muy curioso, dando aromas de moscatel en nariz y sensaciones de PX en la boca, distinto y provocador. Para tomar solo, junto con el Palo Cortado que quedaba. [Punt: 9/10]

Terminamos con un GT de Gin Bluecoat (ginebra americana seca) perfectamente preparado con fever tree, sencillo y sin florituras, como debe der este combinado.

En cuanto al servicio hubo un pequeño desajuste inicial que con el paso de la comida se fue solucionando y como siempre al final todo perfecto, nuestra mesa era un tanto especial (por número de comensales y trasfondo festivo) y por tanto siempre se ven las cosas de otra forma, pero lo cierto es que todo muy bien, el vino perfectamente servido y repartido y con cambios constantes de tipo de copas, no es fácil acoplar 11 botellas en una mesa en directo y salieron airosos del trance, siempre bajo la batuta de dos excelentes sumilleres como Rubén y José Carlos (esta vez nos atendió el primero).

Capítulo aparte merecen los “padres” de la criatura, Diego y Pepe, Pepe y Diego. Son los Roca de Illescas. Percibes su misma cercanía, su misma humildad, su misma pasión por lo que hacen. Distinto estilo y distinto resultado, pero la misma base. Diego es el orden desde la anarquía, la rectitud desde la cercanía, pocas personas han conseguido que estemos tan a gusto en su casa como lo consigue él. Pepe continúa siendo el mismo de siempre, sabe que se ha convertido en un personaje popular y lo lleva de maravilla, no deja un cliente sin su foto y es consciente de que está pasando por un momento clave en su trayectoria profesional. Están llenando y es el momento de conseguir fidelización de clientes, al fin y al cabo la fama televisiva es algo siempre efímero. Pero la ética de trabajo y la calidad de cocina y servicio continúan estando al máximo nivel y eso es al final la clave de todo.

Con respecto al manido tema de la Michelín pensamos que no merece la pena insistir en un asunto del que ya hemos hablado largo y tendido. Para nosotros, no es que este restaurante merezca las dos estrellas, es que ES un dos estrellas. Sin debate posible. Pero esta vez vamos más lejos todavía y tenemos claro que el disfrute, insistimos, que el DISFRUTE puro y duro que vivimos el otro día en Illescas está al mismo nivel del que vivimos hace tres meses en El Celler de Can Roca, el mejor restaurante del mundo. Así de claro y así de sencillo.

Dos citas gastronómicas anuales se han convertido en ineludibles en los últimos tiempos y son la gran comida de recibimiento de la primavera en El Celler de Can Roca y la celebración de nuestro cumpleaños en El Bohío. Y mientras sigamos teniendo salud y trabajo, no faltaremos nunca a su llamada. Se han convertido en imprescindibles. Así pues, haya salud (y trabajo).

  • El guiso de patatas con costillas

  • Huevo con cocochas, patatas y piparras

  • Anchoa con remolacha y queso

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