Restaurante Casa Enrique Vieras (mejor zamburiñas)

Restaurante Casa Enrique

9
Datos de Casa Enrique
Precio Medio:
41 €
Valoración Media:
6.6 10
Servicio del vino:
6.1 10
Comida:
7.5 10
Entorno:
6.3 10
Calidad-precio:
6.3 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Tradicional
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 22,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono

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9 Opiniones de Casa Enrique

El sábado 19 por la noche a las 21h, tras haber buscado nuevamente un restaurante que no estuviese demasiado lejos de nuestro alojamiento, optamos por ir a cenar a Casa Enrique.

Casa Enrique es un restaurante centenario, situado en Solares, frente a la estación del ferrocarril, dotado de un gran parking detrás del edificio. Es famoso por su cocina de temporada y tradicional de Cantabria. Aparece en la guía Repsol y en la guía Michelin (1 plato)

Se entra al restaurante atravesando el bar, el comedor es muy  grande, debe tener fácilmente una capacidad para unas sesenta personas, de planta cuadrada, con ventanas a un lado y al otro de la sala y con una chimenea en el centro de la pared que queda delante de la entrada. La decoración es clásica.  Las mesas son amplias, bien vestidas, pero no demasiado bien separadas las unas de las otras, cubertería y vajilla, con el logo del restaurante, correctas, buenas copas. Nuestra mesa estaba situada junto a la chimenea, desde donde divisábamos toda la sala. El servicio de sala y del vino corrió a cargo del propietario, Enrique García, ayudado por una simpática camarera. Tienen una carta de vinos de unas 130 ref, la mayoria Riojas y Riberas.

Como no estábamos muy hambrientos, aun conociendo la fama de su carico montañés, optamos por una cena mas ligera, y tal vez ahí nos equivocamos.

Comenzamos, para compartir al centro de la mesa, con

Croquetas cremosas de centollo. 8 unidades, muy buenas, muy cremosas por dentro y bien crujientes por fuera, el único problema es que ninguno de los dos, ni MC ni yo, encontramos el sabor del centollo, si no un potente y buen sabor a queso.

Como entrantes (2 comensales), tomamos :

Rabas de calamar fresco. Buena calidad y buena fritura.

Almejas de Pedreña a la sartén. Demasiado hechas (duras) y con demasiado ajo crudo que escondía el sabor de la almeja.

Siguieron de principales :

Callos de Wagyu. Coronados con un huevo frito, me parecieron buenos, pero no me entusiasmaron, les faltaba alegría.

Vieiras. Aquí las cosas se complicaron ligeramente, porque intentar hacernos creer que las zamburiñas que nos sirvieron eran vieiras aduciendo que ahora las vieiras que recibían de Galicia eran muy pequeñas y bla, bla, bla....  me parece de una desfachatez sin igual. Para mas INRI estaban frías. Sin comentarios.

Para beber tomamos una botella de un vino blanco cantabro que nos recomendó Enrique, al explicarle lo que estaba buscando,  Yenda Spicata 2016 VT Costa de Cantabria Bodegas Sel d'Aiz (Castillo Pedroso). Cepajes 100% Albariño, Criado sobre lias durante 3 meses. Me pareció suave, equilibrado, fresco y con buena acidez .

Finalizamos con 2 cafés ofrecidos por la casa.

La cuenta ascendió 53,40 €/persona.  Mala RCP. Como he dicho al principio, tal vez hubiese debido venir a este restaurante únicamente para comer platos del estilo del carico montañes... y aquí mi opinión hubiese sido tal vez distinta pero la que tengo ahora es la de un restaurante donde no he comido bien y además han querido hacerme "avaler des couleuvres" que en castellano creo que puede traducirse como vender puras mentiras o hacerte creer cualquier cosa.  Como os podéis imaginar, no volveremos.

 

Un restaurante centenario que merece todos mis respetos. Cocina tradicional, platos de toda la vida al servicio del comensal. Una decoración algo triste en un local amplio , de los de antes. Servicio amable, con sentido del humor incluso, rápido y eficaz, familiar también. Probamos de todo: caricos, callos, bacalao, merluza, fritos, croquetas ( exquisitas, por cierto), albóndigas, etc. Yo particularmente y croquetas aparte, encontré una cocina digna, sin grandes fallos ( excepto los callos que se independizaron de su salsa..), adecuada y bien ejecutada, pero sin ese punto de excelencia que a veces encuentras en algunas casa tradicionales que realizan este tipo de cocina y que en realidad, es tan difícil de alcanzar. Cada plato con una salsa diferente, casera, genuina, bien hecha , pero en ningún caso excelente., al menos, aquella noche. Sin alcanzar ese punto de perfección en los guisos clásicos  que todos buscamos y que insisto es tan difícil de conseguir. Buena carta de vinos a precios razonables. Probamos muchos postres, tiramisú, tarta de manzana,tupinamba..postres golosos y pantagruélicos. A mi entender tampoco alcanzan la excelencia , pero parecen mostrarse a un nivel superior que el resto de la comida. En definitiva un restaurante clásico, de cocina clásica , dónde la comida aquel día estaba buena , pero no sobresaliente

Cena informal en la terraza de uno de los restaurantes con mas solera de Solares. Después del mediodía en Los Brezos, toca tradición. Nos animamos a quedarnos cuando al preguntar por un vino en la barra, nos ofrecen abadía de Retuerta selección especial...empezamos bien.
Un sitio de guisos, las cocineras, ya mayores, con su delantal en la cocina, mientras al fondo planchan a mano los manteles del servicio anterior...esa estampa hacia mucho que no la veía, me agrado muchísimo.
Tomamos unos huevos al plato con foie para empezar (13,00). Ricos, con un punto mas meloso mejor.
Albóndigas de ternera (12,00) suaaavess, rica salsa española, un puré de patata de verdad ,con la patata trabada.
Zancarrón en salsa (14,00) una de las especialidades junto con los caricos (alubia roja):gran ración ,perfectamente estofado; aquí hay muchas horas de vuelo entre pucheros!
Invitación a los cafés y bizcocho casero, muy buenos: el camarero, amabilísimo por cierto, me comento que en la cercana fabrica El Dromedario tenían a un campeón de baristas, que les instruye en el arte del café: La molienda, la cantidad etc.
Mi mujer estaba asfixiada con el menú "ligero" que le había plantado y no me dejo ni preguntar por el postre.
Dos cervecitas y un par de vinos para acompañar.
Es un sitio de esos que quedan pocos: espero que esas cocineras, que tienen su descanso mas que ganado, enseñen todo lo que saben a otra generación para que prosiga su obra.
Servicio muy amable, nos hicieron sentirnos en nuestra casa.

Casa Enrique es uno de los restaurantes más emblemáticos de Cantabria, más de 100 años "al pie del cañón" les avalan.
Cocina tradicional con una materia prima de primerísima calidad. Platos contundentes y bien presentados. Postres caseros magníficos, elaborados con ingredientes de la zona. La bodega es uno de sus puntos fuertes, más de 500 marcas de vino de muchísimas zonas y añadas, sin duda una de las mejores que he visto (he tenido el placer de bajar a ellas).
La última vez que estuve en el restaurante me decanté por su "Menú tradicional":

Carico Montañés, Zancarrón de ternera en salsa y de postre Tupinamba.
Agua y vino (Monte Real Rva 2004) Café y orujo (cortesía de la casa)
Precio 22 euros con el IVA incluido.
Una maravilla.

El restaurante además dispone de varias cartas. Una para el bar y terraza, otra para los comedores, la de postres, incluso una dedicada para los Gin-tonics y combinados (una pasada, por cierto).

El trato magnífico y súper-personalizado, pues cada persona es un mundo...

En fin, un sitio de parada obligatoria en el que seguro repetiréis.

Casa Enrique celebra este año su centenario, me permito situar el local: localidad de Solares a 15 Km. de Santander, centro económico y de población de la zona y eje de comunicación entre el País Vasco, Santander y la zona occidental cántabra, de hecho hay una frase de un romancero popular que dice: “cuando pases por Solares no pares”. Este local está situado a un paso de la estación de ferrocarril y comprende restaurante, bar y hospedaje.

Con motivo del paso este año de la Vuelta Ciclista a España, en septiembre con meta en Peña Cabarga cuya base es Solares, se ha organizado el menú degustación denominado Vueltas Ciclista a España.

Un miércoles a mediodía nos acercamos a este local dos comensales, tras hacer al menos cinco o seis años que no visitábamos el mismo, pero que siempre ha sido una referencia de la buena cocina de nuestra comunidad.

Tras una buena recepción, pasamos a la sala, que se puede realizar bien a través de la barra del bar o a través de la recesión del hostal, comedor amplio, cuadrado, con una chimenea de fondo y amplios ventanales laterales, mesas bien separadas, lámparas clásicas, cuadros de paisajismo en las paredes. Las mesas vestidas con doble mantel, el inferior de color salmón y el superior blanco. Sillas de un color estampado con predominio verde vivo, poco continentes ergonómicamente, que quizás rompen un poco el conjunto. Cubertería, vajilla y cristalería adecuadas.

El menú consta de.

Carico montañés (estofado de caricos (alubias rojas) al estilo montañés, según cuentan los caricos, en el siglo XV junto con el maíz y el txacolí, son la base de la alimentación de Cantabria), una salsa excelente pero un poco desiguales los caricos, en cuanto a consistencia, que nos aclaró el responsable de la sala (Enrique) que es mal momento, pues es al estar al final del consumo de la cosecha anterior, es difícil de conseguir una uniformidad y la nueva cosecha aún, digamos que están “hinchones”.

Ensalada de bacalao sobre tomate de Trasmiera y salsa vinagreta: buena presentación, el tomate efectivamente marcando una diferencia con el habitual, pero el bacalao sin personalidad.

Bonito del norte estofado: buena punto y la salsa del estofado de las clásicas.

Solomillo en salsa de queso de Cantabria: notable sin más, no sorprendiendo.

De postre tupinamba (claras de huevo y roca flotante de bizcocho-helado), es típico del local y de algún otro lugar de Cantabria (Liébana) donde se denomina canónigos, me atrevo a decir que quizás fue lo más sobresaliente de nuestra visita.

Agua, cafés y de vino (constaba en el menú) Monte Real reserva 2004, que cumplió.

No puntuare capítulo de vinos, al no haber apreciado la carta de los mismos ni sus precios. En cuanto al servido fue aprobado con unas adecuadas copas.

Comento como colofón, que quizás la crisis actual tenga algún lado positivo, por una parte el local se encontró a un 60% (recuerdo aquellas épocas en el que estaba a más del 101 por 100), y ello creo que mejora el servicio y el entorno, nos permitimos un coloquio con el responsable muy agradable y quizás el haber realizado estas jornadas sea también consecuencia de la crisis.

Despedida muy correcta.

Precio total de lo relatado fue de 40 euros por persona.

Preocupados por el ultimo comentario, reservamos en este ya centenario restaurante. En nuestro caso podemos indicar que la atencion fue totalmente profesional, eso si sin concesiones personalistas, las cuales en ciertos momentos se agradecen. Serios pero tampoco sin ser estrictos. Sala no fumadores, buena presentacion de mesa y manteleria de inmaculada blancura, "como las de antes". Con respecto a la comida, nos decantamos por, como no, el Caricó Montañes (4) y el Pastel de Boletus con reduccion de carne. El primero contundente, y el segundo bien conjuntado. En segundos, Lubina Salvaje a la Plancha (2), ligeramente pasada de plancha, Solomillo de Vaca sobre Patatas y Salsa de Queso (2), de excelente presencia y calidad, siendo su guarnicion muy conseguida de punto y sabor, Cocochas de Merluza en Salsa Verde con Almejas (1), algo escasas de presencia pero por lo indicado excelentes en paladar. Para finalizar como postres, Tupinamba (natillas con clara - merengue de huevo por encima), Tarta de Queso con Kiwi, y Tarta de Vainilla con Chocolate Blanco y Negro, todos ellos de muy buena manufactura. Cervezas, agua, refrescos y como vino el recomendado por la casa, un Monte Real Reserva. Cafes y orujos de hierbas. En toda la comida nada que decir de la atencion recibida, salvo en el momento de servir el orujo. Una botella que estaba en mesa colindante, sin ningun punto de frio, lo cual desentonó vivamente con el resto de la comida.

No está mal la comida, pero la fama será por lo caro,55 euros por persona sin vino, con respecto a lo servido en plato.
No me gustó que en un sitio con esta"clase" se permita fumar, ya que hay gente que no lo soporta y hay niños que comen junto a esas personas, o que existiera un comedor reservado para ellos, por lo menos a mí no me dieron la opción de elegir
Poca simpatia en trato

Todo un clásico en Solares, pueblo famoso por su balneario y sus aguas, el local respira rancio abolengo en sus salas y mantiene su atractivo año tras año.
La cocina es clásica y casera y es el santo y seña del local. Sus guisos de Alubias (carico montañés), lentejas, zancarrón, pisto, etc., son una referencia por su calidad que permanece inalterable. El secreto es una materia prima de primera calidad y muchos años de experiencia en los fogones.
La carta de vinos ha ido mejorando con el tiempo y ahora es bastante correcta con una buena oferta nacional de las principales denominaciones. Buenas copas y vajilla y servicio atento, amable y veterano, que conoce el local y a su clientela perfectamente.
Esta casa es una referencia de la cocina casera cántabra desde hace más de 50 años. Aquí se viene a comer “de cuchara” y nadie sale decepcionado. Visita siempre obligada.

Todo un REFERENTE en la gastronomía Cantabra!
Numerosas las autoridades y personalidades del mundo del deporte, toros, cultura, política e incluso jefes de estado los que han pasado, durante su larga historia desde 1950, por este GRANDÍSIMO RESTAURANTE y aun hoy, pasan y buena prueba de ello, son las miles de fotografías y testimonios que alicatan las paredes del local.
El mas rancio abolengo Cantabro, ubicado a ladito de la estación del pueblo y enfrente del antiguo balneario de Solares, se encuentra el Hotel Restaurante Casa Enrique. Decoración clásica con entrañable atmósfera y aromas caseros.
Excelente el Carico Montañés (Alubias rojas) catalogado como "El mejor del Mundo"! Magnificos todos los platos de caseros de cuchara, puedes encontrar también en su carta de temporada, magnificas propuestas de carnes autóctonas, pescados de río y mar...etc! Todo buenísimo!
Buena bodega con multitud de referencias.
Buenos habanos, buen servicio atento y diligente
Correctísimo e

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