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Los Antinori, la saga más antigua del vino

Más de 600 años haciendo vino en Italia

 

Empezaron en el siglo XIV, cuando en el mundo apenas había algunas bodegas. En 1385 Giovanni di Piero Antinori, el primer productor de vino de la gran familia toscana, pasó a formar parte del Gremio de Viñadores de la ciudad de Florencia y su nombre integró la guía de viticultores de dicha ciudad. Desde entonces, un total de veintiséis generaciones han dirigido esta empresa familiar, que actualmente cuenta con viñedos en seis países.

 

Embarcados en el sector del vino tempranamente y hoy dueños de algunas de las bodegas más importantes del mundo, los Antinori, una de las familias nobles más influyentes de Florencia, se establecieron en 1506 en un espectacular palazzo renacentista en Arno y recibieron el titulo de marqueses en el siglo XVIII.

Aunque su trayectoria elaborando vinos ha sido in crescendo y se mantiene prácticamente ininterrumpida desde el siglo XV, fue a principios del siglo XX cuando la marca empezó a impregnarse de ciertos tintes transgresores de la mano del marqués Niccoló Antinori que, para disgusto de las facciones más conservadoras de la región, comenzó a incorporar en 1924 en los tradicionales vinos toscanos variedades de uvas de Burdeos.

 

 

La revolución del siglo XX

Esta osadía culminó con la participación del grupo en la aparición de los “supertoscanos” en los años 70, donde desempeñó un papel capital el hijo de Niccolo, Piero Antinori, que dio luz al célebre Tignanello que en aquel momento convulsionó paladares y mercados.

Su hija Allegra, de 48 años, hoy encargada de las Relaciones Publicas y de expansión en la restauración, es franca: “No perseguimos vender vino en todo el mundo”, dice de una bodega cuya política comercial esta actualmente enfocada en Estados Unidos y Asia, “si no transmitimos al mismo tiempo la forma de disfrutarlo”.

Ella es una de las tres herederas del imperio, trabaja en el negocio desde 1989 y comparte la dirección con sus hermanas Albeira y Alessia, encargadas de mantener los principios de un grupo que encarna desde hace siglos una filosofía arriesgada y auténtica que jugó un papel central en la aparición de unos vinos fuera de serie a lo largo del siglo XX.

 

 

Los “supertuscans”

La era de los vinos toscanos de alta gama, apodados “supertuscans” por la prensa estadounidense, comenzó a finales de los años 60 con la creación, por parte del marqués della Rchetta, del célebre Sassicaia. Rondaba 1968.

No habían pasado tres años de ese boom cuando el marqués de Antinori, que ya llevaba décadas coqueteando con uvas en las colinas italianas, presentó el Tignanello.

Antinori decidió hacer un gran vino con absoluta libertad, por lo que tuvo que elaborarlo fuera de la denominación de Chianti siendo el primer vino producido con Sangiovese (entre un 50 y un 60%) y criado en barrica de roble francés, una revolución para la época.

 

Un año antes había elaborado un vino experimental llamado Tignanello Vendemmia Ritardata, y el de 1971 tenía uva Sangiovese grosso y el resto Cabernet. Después de su nacimiento, que salió al mercado en 1974, la familia lanzó en 1978 otro experimento: el Solaia. La crítica, los mercados, el público se rindieron ante el recién llegado, sobre estos vinos llovieron halagos, loas y reconocimientos desde todas las partes del mundo. Habían nacido los supertoscanos.

Del Tignanello se produjeron 25.000 botellas comercializadas en 1975, hoy imposible de encontrar, y el Solaia se empezó a elaborar de unas parcelas ubicadas en el mismo viñedo a las que veinte años más tarde se les añadió otra con las mismas características que el viñedo original en materia de altitud, exposición al sol (de ahí el nombre) y composición del suelo.

 

Aterrizaje en el Olimpo

El Solaia fue pionero, junto a otro vino estelar de Antinori, el gran Ornellaia, en ser vendido en la plaza de Burdeos “en primeur”, y en 2007 fue elegido por ‘Wine Spectator’ el vino del año: era la primera vez que un vino italiano conseguía ese galardón.

Por si fuera poco, la añada de 2015 contó con el reconocimiento definitivo de las dos grandes eminencias: Robert Parker y James Suckling lo puntuaron con el rotundo 100, lo que consolidó su lugar en los altares del Olimpo del vino.

Hoy el grupo y los Vinos Antinori se siguen expandiendo como la pólvora desde su cuartel general y bodega ultramoderna de la familia, Antinori nel Chianti Classico, ubicada en plena Toscana. Tienen 45 denominaciones de origen certificadas, 2.700 hectáreas de viñedos, 16 bodegas en Italia y otras seis en California, Washington, Rumania, Hungría, Malta y Chile.

 

 

Colaboraciones y glamour

Pero no solo de vinos vive el hombre. Antinori es, ante todo una multinacional que opera también al ritmo de asociaciones y alianzas. El pasado mes de julio la compañía global de aviones privados VistaJet presentó nada menos que un proyecto conjunto con la familia que consiste en un módico pack de tres días para visitar en un helicóptero exclusivo sus propiedades y bodegas que incluye catas, alojamiento, trato directo con el marqués y experiencias gastronómicas de alto nivel.

Además Allegra se ha lanzado a colaborar con Maserati, con quien ha diseñado el ‘Maserati Levante’, cuya carrocería esta acabada en un verde que recuerda a las colinas toscanas y cuyos asientos están tapizados con una piel “pieno fiore” que da una sensación aterciopelada al tacto, al igual que las uvas, y que, como el vino, envejece con el tiempo estupendamente bien.

 

 

¿Dónde podemos probar estos maravillosos toscanos en España? Se preguntarán los lectores. Hemos seleccionado dos: Propaganda 12 en Madrid, y Tintorera en Valencia, en ambos lugares se pueden probar varios de ellos por copa. Como ya comentamos en nuestro post  del pasado mes de junio sobre la cata de vinos toscanos en la Experiencia Verema Mallorca, la degustación merece la pena. ¡Esperamos vuestros comentarios! 

 

 

 

 

  1. #1

    Josep_Gallego

    Siempre una referencia en los vinos italianos. Gracias por el post. Saludos!


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