Vinos de Granito

Autor: Luis Vicente Elias ( 3 de Enero de 2013 )

El suelo condiciona las características de la vid, influyendo en las propiedades de los vinos. Siguiendo nuestros habituales recorridos para la realización de encuestas sobre la Cultura Tradicional del Viñedo, hemos vuelto a unas tierras que son poco conocidas por los enófilos, ya que en muchos casos quedan opacadas por los grandes territorios vitivinícolas españoles.

¿De qué tierras estamos hablando?

Nos referimos a las tierras cercanas al río Duero, con suelos graníticos, limitadas por el norte con las comarcas leonesas, y por el sur con las extremeñas, en las que se hacen unos vinos familiares llamados “pitarras”, con ese nombre genérico y sonoro.

Hablamos de las tierras del oeste zamorano y salmantino que poseen características muy peculiares.

Transcurso de la ruta.

Hemos repetido un viaje realizado hace un quinquenio y que nos llevaba a la búsqueda de lagares rupestres en rocas berroqueñas. Hoy el motivo es similar, el de conocer los valores culturales que el vino genera en esta tierra de suelos graníticos.

A la vera del Río Duero.

El Río Duero de va a PortugalIniciamos la ruta siguiendo el río Duero desde nuestra tierra riojana, frontera a su nacimiento. Por Soria, encontramos viñas desde San Esteban de Gormaz y hemos presenciado como todavía trabaja la prensa de viga para hacer vino familiar en Piquera de San Esteban.

No hemos olvidado de recorrer dos barrios de bodegas aconsejados como enclaves patrimoniales de interés: El de Atauta, visto desde su casco urbano y el del pueblo burgalés de Vadocondes, con sus edificios de piedra de dinteles cincelados sobre motivos de las labores de la viña.

Pasamos las tierras de la Ribera del Duero, en las que el prestigio de sus bodegas nos apabulla, a los que buscamos gentes sencillas, trabajos austeros, productos originales y en definitiva frutos de la tierra y del trabajo de sus habitantes.

Volvemos al río que nos lleva por Toro, donde ya empezamos a encontrar otro suelo para pisar. Nos guía un trabajo interesante que nos señala las relaciones entre la tierra y la cepa:

Vemos esas vides centenarias que soportaron la filoxera, y que plantadas a pie franco y en formación a tresbolillo, dan unos vinos densos, sabrosos, con recuerdos a frutas muy maduras, casi de compota navideña. Algunos árboles locales, como el cermeño, ese peral torensano, lo encontramos en el vino ya que sus árboles crecen vecinos de las vides. No en vano un vino de la Cooperativa de Toro, lleva ese nombre.

En la tierra de Benavente.

Dejamos el Duero por un tiempo, picados por la curiosidad de conocer los vinos de la tierra de Benavente. Visitamos los barrios de bodegas de Morales del Rey con esas vigas impresionantes que hasta hace pocos años han estrujado racimos para hacer esos vinos familiares, que luego cuecen con “la madre”, durante más de dos meses, e incluso hay quien los guarda hasta la primavera, fecha en que terminan esa lenta fermentación, en presencia de granos de uva, ya separados del raspón.

Viñedos en las tierras de Benavente

Recorremos comarcas vitícolas como los Vidriales, los Valles, los Valverdes, visitando barrios de bodegas tan interesantes como los de Arrabalde, Ayoo de Vidriales, Breto, Quintanilla de Urz, para abandonar la comarca por Foramontanos de Tabara y dejar viñas y vides hasta llegar a las tierras del Sayago zamorano, que atravesamos buscando de nuevo el Duero, que nos lleva; y viendo esas moles de granito, ya ordenadas en cercas y paredes que dividen y fragmentan la propiedad.

Vamos llegando a una tierra, en la que el bosque comparte suelo con la viña y que antaño fue una zona de gran producción vitícola.

En el pueblo de Fermoselle.

Fermoselle es una calle larga horadada de bodegas, muchas de ellas comunicadas entre si. Aquí se ha elaborado ese vino original de esta tierra, singular y distinto. Hasta ahora hemos visto plantaciones de tintas de Toro, de Madrid, del país, que todas deben de ser parientes del tempranillo, esa cepa tan riojana, que ahora dicen los expertos que es hija de la benedicto y de la albillo mayor.

No han faltado algunas garnachas en ciertas zonas de Morales de Toro y en blancas, albillo, verdejo y malvasía. Por los valles de Benavente, entran cepas norteñas y gallegas, habiendo visto por ello mencías y prieto picudo.

Bodega urbana en Fermoselle    Viñedos en Fermoselle

En Las Arribes del Duero se admiran los viñedos en ladera, con olivos mezclados y encinares linderos. Las cercas de piedra cierran el cultivo con magníficas paredes de piedra que hacen trazados y dibujos ostentosos por lo permanente de la construcción.

Las cabañas vigilantes nos hablan de largas estancias laborales en la viña con necesidad de cubierta y protección. Hasta hoy las viñas se labran con caballerías y se limpian de hierbajos a golpe certero de la pesada azada.

Juan García en otoño

Alguna bodega de renombre se ha instalado bajo el paraguas de la D.O Arribes del Duero creada hace unos años. Pero el vino local, el que continua la tradición familiar, lo encontramos en la cooperativa donde volvemos a degustar la variedad “Juan García”, embotellado con el ilustre nombre de Viña Borbón, aunque nosotros para no gastar botellas con nombres tan rimbombantes, adquirimos a granel el vino, que ha acompañado parte del recorrido en nuestro carromato autónomo por las tierras del granito hispano portugués.

Labrando en las Arribes   Lagares en Los Arribes

El descubrimiento de los vinos blancos de la llamada malvasía, que parece más una Doña Blanca, es un verdadero hallazgo. Su calidad varía de un año a otro de forma evidente. Su cata nos recuerda otra efectuada en la Cooperativa de la Bandera con nuestro amigo Basilio Izquierdo, que hoy hace excelentes blancos en La Rioja y que con esta malvasía quedó encantado.

Bajamos laderas pendientes en las que se descubren las pocas viñas que van quedando y se observan los restos de las perdidas. En otoño, amarillean los barbados y las cepas abandonadas entre matas y escobas. Olivos y viejos frutales hacen compañía a las vides, siendo el aceite de esta comarca frontera de una calidad excelente.

Transcurso en las tierras de Mámoles.

Cerca de Fermoselle, por carretera estrecha, lindera de bellas paredes casi escultóricas, llegamos a Mámoles, donde quedan algunas cepas y permanecen inalterables los centenarios lagares rupestres excavados en el granito donde antaño se pisaba la uva y se prensaba con un sistema de viga, incrustada en la pared rocosa.

Lagar en Mámoles   Paredes de granito en Forniellos de Fermoselle

Por esta tierras hace un vino personal y original Charlotte Allen a quien no conocemos, pero hemos degustado su “Pirita”, que joven y fresco recuerda a la tierra y a esos componentes tradicionales que vamos buscando.

Aldeadávila, Vilvestre e Hinojosa de Duero.

VilvestreSiguiendo el río, las cepas se ocultan entre bosques hasta llegar a Aldeadávila, donde otra cooperativa bien dirigida por Emilio, hace excelentes vinos con ese carácter local que les da la tierra, la roca de granito. En Vilvestre hay una excelente vista sobre el Duero y un lagar rupestre en su zona más alta, al lado de la ermita y del mirador. En Hinojosa de Duero, se acaban las cepas del Duero que se vuelve portugués y se va hacia otras tierras vinateras. Subimos el puerto de la Molinera dejando los poco más de 100 metros de altitud en el río para ascender a la meseta.

 

Paseo por la meseta salmantina.

La piedra berroqueña sigue siendo la línea conductora de este recorrido cultural. Esa piedra sirve para cerramiento, para levantar los chozos y cabañas, y en ella se han excavado los lagares rupestres que encontramos en nuestro recorrido desde Mámoles hasta San Esteban de la Sierra, sabiendo que continúan por tierras extremeñas.

Nosotros atravesamos el campo charro, entre dehesas con vacas moruchas, ovejas y cerdos ibéricos, que aprovechan el pasto y la bellota caída, llegando a la Ermita del Cristo de la Cabrera y de aquí nos acercamos a Endrinal a degustar  un jamón espléndido y sobre todo una carne de buey, excelente y  además inesperada. Bien aconsejados por el fotógrafo salmantino Miguel Martín, y como amantes de la buena carne llegamos al Restaurante La Racha, donde Pepe que ha sido ganadero, nos muestra orgulloso sus bueyes; más tarde su esposa nos exhibe la chuleta, mientras le entrábamos a un jamón acompañado del vino Zamayón, que elabora nuestro amigo Carlos en Santibañez de la Sierra.

Chuleta en Restaurante Racha. Endrinal.

La chuleta templada durante horas, y asada a la brasa de encina, es una de las mejores que hemos comido en nuestro peregrinaje. Si no se atreven con esa masa cárnica que supera los dos kilogramos, se pueden decidir por un solomillo tierno y sabroso de carne hecha. Vimos los bueyes pastando mansamente, mientras nos dice su dueño que tienen 5 años y les queda tiempo para su sacrificio.

Nos acercamos a San Esteban de la Sierra y a su cooperativa donde están fermentando esos caldos de rufete, que bullen en el interior de los depósitos. Catamos algunos mostos de la mano de Emilio, amigo de antaño quien nos aconseja el Tiriñuelo, un vino sencillo, fresco lleno de frutas y expresivo de fresas. No hay que olvidar el blanco y el Gran Tiriñuelo, como una apuesta hacia los vinos de guarda que hace esta cooperativa que pierde socios y hectáreas cada año que pasa, teniendo unos excelentes vinos y a unos precios muy asequibles. Es curioso que en la cata del tempranillo, la tierra puede a la variedad y se aprecian matices que no encontramos en los viñedos más calizos, como pueden ser los riojanos.

Lagar en San Esteban de la Sierra    Lagar largo en San Esteban

En el pueblo buscamos a Joaquín Berrocal quien regenta un excelente alojamiento rural y es un estudioso de los lagares rupestres de la comarca. En esas fechas se encontraba terminando de marcar una Ruta por los Lagares de San Esteban que ha de atraer a los aficionados al senderismo y aquellos que deseen conocer los viejos modos de la elaboración tradicional del vino. Si queremos conocer esta iniciativa senderista, enológica y cultural podemos verla en www.sanestebanrutalagares.com y apreciaremos los valores de esta tierra lejana y desconocida.

Hace años buscando esos lagares encontramos a José Carlos Martín, en una viña de rufete que guarda uno de esos enclaves arqueológicos. Entonces tuvimos ocasión de conocer sus vinos, que son de gran interés, por lo originales. Y es curioso que para nosotros la originalidad consiste en la repetición de los valores de la tradición. ¿Cómo unir originalidad con continuidad?, ese es el secreto de los vinos con alma, aquellos pegados a la tierra, que expresan lo que el suelo quiere contar.

Carlos Martín y la rufete

En aquellas fechas la bodega Rochal había recibido la visita de los catadores de Parker, y le habían dado una excelente puntuación a su Calixto, que es un vino bien hecho, y que sabe más a uvas que a madera. Probamos ahora los vinos recién hechos del 2012, que en su infancia son todavía más originales, ya que a nuestro modo de ver, tan amigo amigos de la barrica, cuanto más cerca de la tierra, el vino es más original.

El autor de Calixto   Viñedos de Rochal con lagar rupestre   Jose Carlos de Bodegas Rochal

Por la zona surgen experiencias de interés y no podemos olvidar en Mogarraz los vinos de la Zorra, que con suelo diferente a los que veníamos probando tienen un valor extraordinario. Viñas viejas con cultivo manual recordando los antiguos paisajes de esas tierras que guardan frutales, cerezos y almendros entre las cepas, y todavía ven agacharse al viñador con la azada en la mano para hacer un trabajo de jardinería en cada cepa. En otras localidades como Villanueva del Conde, Garcibuey o Sotoserrano podemos degustar vinos de rufete con algunas mezclas de tempranillo, que son una delicia.

Tierras de las Batuecas, que era un lugar mitológico en el que reposaban los chavales distraídos en la escuela, alternando con Babía, otra zona del ensueño. Pero en esta salmantina, hacen hoy vinos, que casi habían olvidado su tarea, y merecen un reconocimiento, por elaborarlos tan bien; simplemente trabajando como siempre.

Retorno al Cultivo Tradicional del Viñedo.

Es interesante resaltar que desde hace siete años que retomamos las tareas de la recopilación de datos sobre la cultura tradicional del viñedo, a través del Atlas, nos estamos encontrando con explotaciones de vid, cuya característica esencial es que continúan una tradición que se estaba perdiendo.

El retorno a las técnicas tradicionales de cultivo, e incluso a la ayuda de animales para su laboreo, la recuperación de las variedades locales, las vinificaciones reducidas, la disminución de la madera como volumen de crianza, hacen que se produzcan vinos originales por lo sencillo y lo apegados al terreno.

Viejos útiles, nuevos vinos   Medida de volúmen

Cuando nos preguntaban por la utilidad de los resultados del Atlas del Cultivo Tradicional del Viñedo, siempre hablábamos de la posibilidad de reutilizar técnicas y fórmulas laborales de antaño para elaboraciones de calidad actuales. Hoy vamos viendo como se recuperan técnicas que para nosotros hace una década, estaban en franca regresión. Es por lo tanto interesante manifestar que los valores tradicionales son un importante valor en la elaboración del vino, pero esto mismo lo podríamos atribuir a otros productos agroalimentarios.

La modernidad por lo tanto está en la continuidad de aquellos valores tradicionales, acomodados a las tecnologías de hoy. Este recorrido por tierras de granito, nos muestran  como un lagar rupestre de edad centenaria, es el símbolo de unos vinos de hoy, que se han elaborado con las más modernas tecnologías, pero respetando los valores de antaño.

Copyright © Luis Vicente Elías Pastor

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      1 Rosingana
      03 de Enero de 2013 (20:39)

      Enhorabuena por el enriquecedor artículo y gracias por dar a conocer áreas de una geografía olvidada que atesora grandes recursos naturales y culturales, entre ellos, los primitivos lagares rupestres ligados a una ancestral tradición de la viticultura, tanto en Arribes del Duero como en la Sierra de Francia salmantina.

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      2 Julio_Romero
      03 de Enero de 2013 (21:47)

      Perfecto Luis Vicente. Muy buen reportaje y muy ilustrativo. Me extraña que el club Parker valorase en tan alta estima vinos no maderizados, no sobreextraidos y no vinificados en exceso. Sólo una duda: ¿antes de adentrarse en la ruta de los lagares rupestres, es necesario aprovisionarse en Guijuelo?

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      3 Margarita Contreras
      Margarita Contreras  en respuesta a  Julio_Romero
      07 de Enero de 2013 (11:03)

      Hola Julio: Es un buen consejo, pero te recomiendo el restaurante de Endrinal.
      Saludos
      Luisvi

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