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Datos de Txa Tei
Precio desde 45,00 € (precio más bajo introducido por un usuario) |
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El restaurante Txa Tei se encuentra situado en el madrileño barrio de Salamanca. En Txa Tei todo está cuidado al mínimo detalle, desde la decoración hasta la vajilla, importada de Japón para aportar a los comensales todas las sensaciones de la tierra nipona. No dudes en realizar cualquier consulta a Hisato Mori, uno de los más prestigiosos cocineros en Osaka, el cual te atenderá para asesorarte y hacer que tu elección sea lo más acertada posible.
El restaurante Txa Tei ofrece todas y cada una de las especialidades de la cocina japonesa. Déjate envolver por los aires asiáticos que emana el restaurante con platos como el tataki de toro, la sopa miso, el tako wasabi o el teriyaki de pollo. Finaliza tu comida con un delicioso postre como el té verde, el mochi o alguno de sus helados.
Disfruta de un ambiente agradable, relajado e íntegramente japonés en Txa Tei, un oasis de tranquilidad en el centro de Madrid, además de un auténtico restaurante nipón. Lánzate a conocer los platos típicos de Japón y desentraña los secretos que esconde su gastronomía.
| 7.5 10 |
Cocina japonesa de autor
Micky Mouse 28/05/13 20:58
Fecha de visita*:
28/05/13
Precio por persona:
45.0
€
Estuve buscando en la red (con los riesgos que ello comporta) un restaurante japonés “recomendable” por la zona de la calle Alcalá, del Barrio de Salamanca, de Madrid, y vi o leí Txa Tei (茶亭), que aunque parezca un vasco es un japonés, que podría traducirse como Casa de Té. Fui con un poco de prevención porque incluso su página web www.txatei.com está inútil, ya que aparece como “dominio desactivado”.
La entrada a Txa Tei descorazona un poco, ya que es un local pequeño, poco luminoso, con calor y a la hora de la comida de hoy había una única mesa ocupada con dos ejecutivos. Nosotros éramos dos amigos (también “ejecutivos” a la vez que muy amigos hetero), con mucha prisa, pero eso no fue óbice para que nos atendieran amabilísimamente, en cincuenta minutos, y con el menú degustación servido con puntualidad suiza. También tienen un menú del día que tienen por en torno a 15 €, que cambia con las estaciones y es mejorable con algún plato; el menú degustación de 42 € por el que nos decantamos, carta, o recomendaciones de la carta (que dejamos para una próxima visita, más calmada)
El cocinero, Hisato Mori, hemos leído que es natural de Osaka, que al parecer trabajó en el Kabuki Wellington, lo que es toda una garantía. Aquí hace auténtica cocina de autor a la japonesa. Se despidió tímidamente de nosotros, desde la cocina, cuando salíamos.
Cuando escribo esta crónica tengo la sensación de olvidar algún plato… y quizás también que el diligente servicio no nos sirvió el plato de carne, en concreto el kakuni de presa de cerdo ibérico (Iberiko buta kakuni イベリコ豚角煮) lo que resulta llamativo en un japonés. Se trata de un guiso cocinado a fuego lento (nimono 煮物) con dashi, salsa de soja, mirin, azúcar y sake hasta que la carne queda muy tierna. Lo sirven con puré de patata. Como se les haya olvidado pienso pedirlo gratis en la próxima visita…, ya que al parecer es muy recomendable.
Tras unos aperitivos, de los que recuerdo una “ensaladilla” con langostino y huevas y un cuenquito tipo dedal de sake, el menú empieza con un dobin mushi (土瓶蒸し), una sopa que es aliñada con lima en la mesa y que debe su nombre al recipiente donde se cocina y al tipo de cocción que se utiliza, ya que es un caldo con diferentes ingredientes (tres en nuestro caso) cocinados al vapor (mushimono 蒸し物) en una tetera de barro (dobin 土瓶). Los “tropezones” eran tres de buen tamaño, dos de pescado y un champiñón -esto era lo de sabor menos bueno de la comida-.
A continuación nos sirvieron un shasimi, para los no que lo sepan, se trata de pescado crudo, que era una buena ración con cinco variedades de pescado y tres porciones de cada, pero nada habría importado que llevara el doble de cantidad, dada su ligereza y sabor.
La comida continuó con un tartar de atún y toro (picante) del que el único pero que puede ponerse es que la ración se queda un poco corta (la de Nikkei, donde también lo bordan, no es más grande).
El siguiente plato consistió en la clásica tempura mixta, ya que llevaba marisco y verdura (brócoli entre ellas, lo que no es muy corriente). Va servida en una cestita de mimbre, muy vistosa y se acompaña de la salsa típica agridulce, muy suave. Cantidad y calidad correctas, ya que el punto de la masa o rebozado de los ingredientes es muy correcto, y de gran finura.
El penúltimo plato se trató de una tabla de sushi de muy buena calidad era extrema, buenos nigiris, que también habrían reclamado alguna generosidad mayor en la cantidad ya que únicamente eran cuatro bocados, y quizás alguno más no habría hecho más pesada la digestión. Especialmente recomendable el de viera.
La comida se podía finalizar con postres dulces (un tanto occidentales como la tarta de queso o la pera caramelizada al vino) pero nos decantamos por un helado de sésamo negro, muy oportuno para concluir la comida.
Del vino o de la oferta que pueden tener no puedo dar información, ya que las circunstancias obligaban a estar pasados por agua.
Como decía al principio vi una extensa carta en la que elegir entre sashimis, nigiris, tempuras, makis, futomakis y temakis (hay carta reproducida en internet en cenaralacarta.es). En unas pizarras, encima de la ventana de la cocina, se ofrecían algunos platos (aunque requería vista de lince para adivinarlos y por la ubicación de las mismas, me temo que no son especialidades del día, ya que resultaría muy incómodo la reposición de los textos todos los días). Habrá que probar el temaki o cono de salmón con aguacate e ikura, las vieiras salteadas con boletus y champiñones, la tempura de carabinero, con reducción de salsa de soja y mayonesa japonesa, el negitoro maki, o sushi de ventresca de atún picado con cebollino, con el alga envuelta en forma de barco acorazado (gunkanzushi 軍艦寿司).
El servicio, atendido por dos personas, quien hacía las veces de maître -japonesa pero entendiendo y hablando perfectamente el español o castellano, según los gustos- y una camarera, muy atento, profesional y eficaz.
Vajilla de aspecto y quizás procedencia japonesa. El agua mineral (2,30 €) en botellas de medio litro muy elegantes y estéticas.
| 7.5 10 |
Fuimos porque un amigo que escribe en El Confidencial nos lo recomendó. Menos mal que lo hizo pues un jueves a cenar era la única mesa. A lo mejor al entrar "en frío" no nos hubiéramos quedado y mas aun con cierto tufillo a cañería que dominaba el ambiente.
Hicimos un pequeño recorrido de su cocina: Tataki de Toro, Tartar de Atún Picante, Tempura de Carabinero, Sashimi Variado en su versión pequeña, Sushi Tradicional, Combinado de Maki y Niguiri, Kakuni y Arroz. De beber elegimos una cerveza nipona, Kirin, y una jarra de Sake. Todo el producto de gran calidad siendo la estrella la Tempura de Carabinero, realmente memorable. El único pequeño lunar fue la carne de cerdo ibérico, Kakuni, no por el sabor del plato sino por el punto de la carne ... demasiado hecho.
El restaurante no es muy grande, decorado con lo justo, la atención de la sala era responsabilidad de una japonesa muy atenta y simpática. En la cocina se veía a un compatriota suyo que se manejaba con soltura.
Salimos a 52€ por persona, siendo el coste del carabinero de 25€. Coincidimos todos que de haber comido lo mismo, con esa calidad en un afamado restaurante japo nos hubiera costado bastante mas.
Un sitio realmente bueno, de los que no dudas en recomendar y volver a visitar.
Sobre la carta de vinos, nada puedo decir porque no la pedimos.







