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Restaurante La Tucho |
| 6.0 10 |
Diez meses más tarde acudo de nuevo a este local de casualidad, dicho de otra forma, no con perspectiva de ver evolución, solo por coincidencia en una comida profesional.
Entorno ya definido, solo agregar que la zona de barra sigue abarrotada, pero de los dos comedores uno no lleno y las mesas se iban retirando a una hora temprana, algunas sobre algo antes de las 16 horas, lo cual quizás indique que no se consume en la fase posterior al postre.
Tres comensales nos hemos acomodado en el comedor interior, pero junto a una ventana, con una buena luz natural, resultando la mesa amplia y muy agradable. Sillas cómodas.
Hemos compartido:
Rabas de magano: generosa ración, con buen punto de harina y con una buena textura de la carne, pero sin llegar a encandilar.
Anchoas de la casa: la carne, tamaño y textura de su carne, resultaron excelente, el único pero que le encontré, fue que el aceite en mi opinión es mejorable.
De platos:
- Un comensal jargo: grande, con buen punto y que me dio la sensación que tampoco entusiasmo.
- Dos comensales hemos compartido un rape a la plancha; excelente en el sentido estricto de la palabra, en una ración generosísima.
De postres:
Tarta de queso: de buena a muy buena. Mucho mejor que en la anterior visita.
Y dos han compartido una ración generosa de queso de la Jarradilla con membrillo: muy buena, con su sabor especial.
La carta de vinos muy sencillita en número y calidad, en esta ocasión nos han ofrecido varios fuera de la carta, optando por un albariño Paco y Lola (una botella sola, pues dos de los comensales tenían jornada laboral por la tarde). El servicio del vino limitado a abrir, dar a probar y cubitera. En conjunto creo que han mejorado en este aspecto algo.
El servicio de mesa, como en la anterior ocasión, buen ritmo y amable.
El precio de lo descrito, mas una botella de agua, tres cervezas y cuatro cafés, ascendió a 130 euros. A 43 euros, para mí de aprobado, aun reconociendo que los pescados tienen que ser caros, pero no nos hemos salido en nada.
La sensación final ha sido en esta ocasión, que las anchoas y el rape estaban a gran nivel y los postres a buen nivel, pero el queso solo es merito de tenerle para poder ofrecer, lo cual a veces no es poco.
Quizás el tener menos ocupación del local, halla contribuido que al final la sensación ha sido algo mejor que en la anterior visita. Por tanto local a seguir.
| 5.7 10 |
Creo que al menos hacía más de 10 años, que fue la última vez que comí en este de local de mesa y mantel.
Se trata de un lugar peculiar y en cierto modo popular, ubicado dentro del Ayuntamiento de Santander pero dista unos 3 Km. del centro de la ciudad, frente al Seminario Diocesano ello de Corban. Local de años de evolución que antiguamente creo que fue el típico local de Cantabria de “tienda para todo” y que en estos momentos, se ha convertido en un lugar para alternar sobre todo a mediodía, para degustar pescados y mariscos prácticamente recién salidos del agua.
Localizado frente una rotonda de la carretera que se dirige a las playas de Liencres, a sus puertas en los arcenes de la carretera es muy difícil aparcar puesto que prácticamente está siempre completo y la casa que alberga en sus bajos el local, dispone de un jardín con un aparcamiento de su parte lateral y posterior, donde los clientes pueden estacionar sus coches, pero que curiosamente observe que en dicha zona, los vehículos que accedían eran todos de alta gama.
La barra de entrada abarrotada con gente conocida y a través la misma se accede al comedor, o mejor dicho comedores, puesto que hay más de un recinto destinado a comer de mesa y mantel.
En esta ocasión un viernes a mediodía nos acercamos tras una reunión laboral seis comensales, que nos acomodan en una mesa amplia, redonda, bien vestida y razonablemente separada de sus vecinas. Buena luminosidad natural del local, la decoración de sus paredes y suelos, sin llamar la atención en uno u otro sentido.
La carta de tipo clásico con predominio de producto y precios al menos en los pescados ligeramente aumentados (recuerdo varios pescados cerca o por encima de 30 euros ración).
No decidimos por compartir al centro:
Dos raciones de morgueras (una especie local fina de navajas) con 12 unidades por ración: finas y muy bien tratadas.
Una ración de Rabas: generosa en cantidad y buenas sin más.
Y una de croquetas, con una buena masa, buen recubrimiento, ración generosa y con dificultad de definir su origen.
De platos:
Tres comensales optamos por una lubina al horno con patata panadera, que se presentó al centro, supongo que para mostrarnos el tamaño del animal, pero que hubo que instar el servicio para que nos la emplatase: en conjunto buena raciones y el nivel del pescado y de la cocina cumplió.
El resto de comensales se decidieron por carne, con raciones más que generosas y que asimismo según comentarios tras instar su opinión, se limitaron a expresar que se había cumplido de forma ligeramente holgada lo esperado.
En cuanto al vino, observe la carta y a mi criterio es parca, con Rioja, Ribera y creo que algo de Somontano en tintos y poquitas cosas más. Tras desistir de ser yo el que le hiciese la elección, al final nos decidimos en conjunto por un Verdejo que denominaron de la casa Oro de Castilla en 2010 y dos botellas de Emilio Moro crianza 2007. Buena temperatura de presentación de los vinos, pero el servicio en sí escaso, sin ni siquiera dar a probar, y mucho menos mostrar el tapón etc... En cuanto a precios en estos momentos me acuerdo que un Pago de Capellanes crianza, estaba a 30 €.
Postres generosos en cantidad, optando la mayoría por postre de hojaldre de una firma de la ciudad vecina de Torrelavega y en mi caso una tarta de queso que no pasó de un simple aprobado.
El servicio de sala “casero y cercano”. con buen ritmo entre plato y plato.
Cerramos la comida con cafés y unos GT tomados en la zona exterior, con varias posibilidades de ginebra pero sin embargo, en cuanto a la tónica se limita la oferta a schweppes clásica.
No puntuaré el capítulo de precios al no saber a cuánto ascendió la cuenta final, aunque sí debo hacer constar que los precios de los pescados eran ligeramente altos.
Impresión en conjunto fue de local para ver y sobre todo “ser visto”, que se precisa reserva si quieres sentarte a comer y que lo que más me agradó fue los entrantes, que se pueden degustar perfectamente en la barra.
