Restaurante La Pitanza : Sólo los necios confunden valor con precio

 

La Pitanza
Servicio del vino: 10 10
Comida: 10 10
Entorno: 7 10
Calidad-Precio: 10 10
9.3 10
Blackadder

Blackadder 29/12/11 04:00

Fecha de visita: 28/12/11
Precio por persona: 48.0

... parafraseando a Antonio Machado.

Tenía que organizar una comida de trabajo que necesitaba fuera un éxito y el lugar que inevitablemente me vido a la cabeza fue La Pitanza. Concerté con Hugo un menú en el que medio Belén para cuadrar ciertas de mis peticiones y dar alguna que otra sorpresa.

Llegamos a las 14:00, tres personas, acomodados en mesa para cuatro para estar más amplios en una de las esquinas con ventana, atendiendo a mis peticiones. Recibimiento cálido por parte de Joan, Álex y Belén. Éramos la primera mesa y, poco a poco, el Restaurante se fue llenando completamente. El servicio no se resintió pese a ello. Bien es cierto que, por una vez, nos abstraimos de las prisas de la vida moderna y la comidad de trabajo se convirtió en experiencia de placer que duró casi tres horas y media.

En materia vinícola nos dejamos aconsejar por Joan. Para los platos que mencionaré a continuación, se decantó por un Reixiu 10, vino de Heretat de Tavernes, blanco con paso de boca frutal y fresco que maridó perfectamente con los platos iniciales del menú.

Empezaron sirviendo un entrante de la casa, en esta ocasión, unos lomitos de anchoas, que eran muy carnosos y de intenso sabor.

Seguimos con un tomate con bonito. Plato de vistosa presentación. Muy bueno.

Continuamos con un Foie fresco Braseado sobre Sopa de maíz y arena de Quicos. Plato de explosivo sabor. Redondo y original.

Belén nos obsequió, fuera del menú concertado, con una invitación a tres nécoras rellenas de txangurro. Presentado en bandejas de pizarra, sobre cama de sal gorda, las nécoras se ofrecen boca abajo, con las patas "desmembradas" y el cuerpo relleno del txangurro con gratinado de pan. Nuevamente un plato elaborado, donde se aprecia mucho trabajo de cocina detrás en el relleno, de sabor potente y, sin embargo, de textura muy agradable.

Continuamos con unos pimientos del Piquillo asados con leña de haya rellenos con Ciervo y frutos rojos. Original combinación de productos, pero de notable resultado en boca.

Para finalizar la ronda de "primeros", y atendiendo a una de mis peticiones personales, una degustación de garbanzos marineros con erizo de mar. Qué decir de los garbanzos que algún otro forero no haya dicho ya. Plato de cuchara, pero a su vez, original (uno de los comensales dijo que era el plato más original que había probado en su vida, y doy fé que es persona con mucho mundo encima). Tuvimos la suerte de que nos los sirvieran con erizos frescos que nos trajeron perfectamente presentados en una bandeja de pizarra negra, abiertos y preparados para que Joan emplatará los garbanzos y añadiera las yemas de los erizos. Ya en boca, tremenda explosión de sabor a mar. He comido este palto muchas otras veces y siempre ha sido genial, sublime, incomparable..., pero esta vez, con las yemas de oricio paso a una escala de sabor y placer que desconocía. Es inefable. Sólo por probarlo hay que ir a La Pitanza.

Llegados a este punto y consumida la botella de Reixiu, pasamos a tinto. Un Atteca, monovarietal de Garnacha, de la zona de Calatayud, también escogido por Joan. El vino maridó perfectamente con el plato "principal", un arroz meloso de cangrejos y centolla. Como siempre, un guiso abundante que dio para dos platos a cada comensal. Un arroz en su punto, con un sabor profundo y de largo regusto. Grande, muy grande.

Como el vino no "aguantó" todo el arroz, para rematarlo a sugerencia de uno de mis invitados, porque "no podía pemitir que un vino tan bueno se quedara en la botella sin beber" (sic), se pidió una tabla de selección de quesos artesanos. Soy alérgico al queso y no puedo opinar de primera mano, pero los comentarios de mis otros dos acompañantes solo fueron de parabienes sobre los que se sirvieron. También nos invitaron a los quesos.

De postres, diversidad de elecciones: torrija caramelizada, tarta de chocolate y crema catalana. Todos muy buenos, recibiendo especiales elogios la tarta de chocolate.

Para acompañar los postres, tres copas de Casta Diva, que siempre es una garantía de éxito. Quedaba un poco menos de media botella que Joan dejó en mesa para que nos sirviéramos a discrección. Y cayó entera, dado que la tertulia "after desserts" dio juego para ello.

Cafés y botellas de agua que también se pidieron.

El servicio del vino por parte de Joan con todo el mimo del mundo. Envinado de copas en mesa, cambio de copas y explicación de los caldos y su maridaje con los platos.

No me prodigo en valoraciones en el foro por falta de tiempo, pero en esta ocasión, hago gustoso un hueco bien entrada la madrugada, para reconocer el trabajo que se está haciendo en La Pitanza. Belén en cocina dando la talla a gran altura, Joan oficiando en Sala con corazón y conocimiento sobre el vino, Álex atendiendo las mesas con simpatía y voluntad de agradar y la mano "invisible" de Hugo uniendo las piezas para que nada desafine, siempre preucupado, antes y después, de que todo salga bien y se evolucione.

He visto evolucionar La Pitanza en estos últimos años y creo que es muy loable todo el esfuerzo en la progresión de la cocina que ha ido pasando de platos "tradicionales" elaborados con magnífica materia prima y mucha dedicación a (sin olvidar éstos), incorporar platos más elaborados e incluso arriesgados en ocasiones. En sala también se ha ido formando un equipo cohesionado que resuelve el servicio con oficio y ganas de agradar. Y lo han hecho desde el esfuerzo y la humildad. Un ejemplo para muchos restaurantes.

El precio de este festín fue de 146 euros para tres personas, dejando claro que el del menú degustación era de 30 euros. El vino hizo el resto. Eso sí, el valor de esta velada no tiene nada que ver con su precio. Por eso, para mí, la RCP de La Pitanza es una de las mejores(sino la mejor) de Valencia.

Recomendado por: 4 usuarios

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1
Comentarios
1 Javier46
29 de Diciembre de 2011 (08:43)

Excelente comentario que , emho, refleja la situación actual de este restaurante. Sigue subiendo a todos los niveles y parece que , por ahora, el techo no se vislumbra.