Dudo que consigas dos respuestas iguales: no creo que hayan dos experiencias personales tan coincidentes.
Lo mas curioso de mi caso es que fue "en negativo": no me gustaba el sabor de la cerveza (con los años y después de una estancia en México moderé esa apreciación).
En casa siempre hubo vino (el aparcero de las viñas "pagaba" parte en vino de la cooperativa) y mi padre no era ni es bebedor de cerveza. El refresco del verano era gaseosa con hielo que tintábamos con un poco de vino(diría que sobre los 10 años ya lo bebía), con el tiempo fuí cambiando las proporciones y acabé quitando la gaseosa y el hielo para dejarlo en vino.
Las comidas-meriendas-fiestas entre amigos-pandilla-cuadrilla las "regábamos" con sangría y así visité (mas a menos a los 16) por primera vez una bodega: para comprar vino a granel para una celebración.
Otra de las amigas de entonces era nieta de un conocidísimo bodeguero de la zona y celebramos una comida en casa del abuelo y con la bodega abierta ...., etc., etc.
Otra clave: allá por el año 82/83 de vuelta de un viaje por Galicia, paré en Tordesillas y en una bodega-tienda a pié de carretera el dueño me confesó que tenía un vino "estupendo del enólogo que hacía los Vega Sicilia", convenciéndome para que comprase una caja -mi primera de ese precio- de 12 bots. de Mauro (desde entonces mi vino "fetiche", hasta "emperrarme" y conseguir con el tiempo conocer personalmente a D. Mariano y familia), etc., etc.
Casi todo anécdotas y casualidades de carácter meramente personal.
Saludos
Eduardo