En mi opinión fallan muchas cosas, creo que es la pescadilla y la cola, no se diseñan muchos vinos para jóvenes (vinos con cierta calidad, sencillos, con unos gramitos de azúcar residual, buena presencia, precio ajustado y por supuesto tapón de rosca para un buen botellon).
El vino lo perciben como algo místico, algo que no controlan y que pueden hacer el ridículo si se les planta una carta en un restaurante, por tanto, es más fácil pedirse una cerveza que luchar contra la carta de vinos.
Para cambiar eso debemos facilitarles mucho la labor, allanar el camino, hablar su idioma (ligero, suavecito, potente, afrutado...)que vean que no es tan difícil,( te recomiendo tal vino que te va a gustar, si no te gusta te lo cambio sin ningún problema). Si es posible ofrecerles vinos por copas, que prueben, comparen y te digan cual les ha gustado más, eso mueve el gusanillo, se dan cuenta que hay vinos que les gustan y vinos que no, es entonces cuando comienzan a querer saber que vinos les gusta.