
Un menú “Belle Epoque”
à la Escoffier en pleno siglo XXI acompañado por vinos alsacianos, bordeleses y borgoñones, elaborado con metódico respeto a la tradición y en pleno barrio gótico de Barcelona podría perfectamente inspirar los sueños de muchos gourmands. La cocina fue elaborada por
Josep María Blasi, “cuiner a domicili” y gran conocedor de la cocina “clásica”.
En el primer asalto las entradas: Duchesses Nantua por una parte y por otra un Foie Gras à la Strasbourgeoise. Las Duchesses (Duquesas) son unas preparaciones de pasta choux -dulces o saladas- (saladas en este caso) que se suelen rellenar de una mousse. En este caso el relleno se apellidó Nantua que hace referencia a la mousse elaborada con cangrejo de río y trufa. Por su parte el Foie Gras à la Strasbourgeoise, una especie de brioche salado con un corazón de foie. El acompañamiento, primero un juvenil Riesling 2003 Vorbourg de René Muré que ya apuntaba una atractiva mineralidad y notas densas de miel y flores ajadas. Sabroso en boca, con cierta densidad, excelente acidez y muy buen recorrido y luego un seductor Marcel Deiss Schoenenbourg 1997 con clara presencia de hidrocarburos en nariz y una estructura muy consistente en boca, el leve dulzor derivado del azúcar residual acompañaba al sabor del foie-gras com
o un guante.
Siguiente asalto, Terrina de Faisán acompañada de Salade Alice, una preciosa ensalada elaborada con manzana y usando como base media manzana vaciada. El acompañamiento un maduro Corton Renard 1997 de Leroy. Un vino delicado y fresco, con una intensa expresión animal y un franco carácter especiado (clavo, pimienta negra). En boca ligero, equilibrado con buena acidez y excelente recorrido. De la Borgoña saltamos al Languedoc con un Grange des Peres 1999. 13.5. Más intenso pero también más directo y simple, con mucha caballería. En boca presentaba cuerpo medio, cierta amargosidad, buena acidez y buen recorrido.
A continuación llegó el turno al pescado, un soberbio Turbot (rodaballo) Régence al que acompañaron a la perfección en primer lugar un vino bordelés, el Haut Brion blanc 2003,
con su nariz de media intensidad, ciertos toques metálicos, manzana ácida y un fondo tostado. En boca se muestra seco, glicérico, amargoso, con buena acidez y buen recorrido. Un blanco atractivo y con cuerpo que ganará con algo más de botella. Seguidamente un seductor Mersault el Coche-Dury del 2000. Un vino con raza, que presenta toques ahumados, minerales y un fondo de frutos secos. En boca con nervio, amargoso, ligero, mineral y con frutos secos en el retronasal.
Una nueva etapa vino de la mano de un Côte de Veau Talleyrand acompañado con pasta y con un toque de foie, y que vino acompañado de un interesante Beaucastel el Hommage a Jacques Perrin 2001. Goloso y con una excepcional expresión frutal dominada por la fruta negra en sazón yalgún toque especiado. En boca es amargoso, suave, con buena acidez y buen recorrido
y de un impetuoso Chateau Latour 2001. Que mostró una nariz musculosa, densa, tostada, madura y concentrada. En boca con carácter, denso, con buena acidez y buen recorrido. Un pequeño infanticidio.
La culminación de la cena fue una espectacular selección de quesos -plateau de fromages "Belle Epoque"- brillantemente presentados por Eva Vila y los Bavarois au Chocolat -a un paso de un “moscovita” (bavarois de frutas)- y Pudding Nesselrode (un denso pudding de castañas). El acompañamiento, ni más ni menos que un Yquem de 1920. Color caoba de aspecto denso. Nariz del corte de un amontillado viejo, con toques tostados, frutos secos, mieles y uva pasa. En boca ligero con buen recorrido, algo amargoso, c
on buena acidez, buen recorrido y un final con tostados y azúcar quemado. Cansado pero aún vivo. Por su parte el Yquem 1975 mucho más vivo con la característica nariz botrytizada, miel, dulces flores blancas y algo de especias exóticas. En boca equilibrado, denso, equilibrado, largo y con una espectacular estructura.
Cuando ya parecía llegar el final de fiesta aún apareció un interesante Banyuls, el Domaine de La Rectorie 2003 Cuvée Leon Parcé. Nariz intensa, bien definida, con toques de azúcar quemado, especias, sirope de ciruela y un fondo de canela. En boca reaparece la canela, amargoso, con cierta densidad, excelente acidez y buen recorrido.
Vencida toda resistencia llegó la hora del café y algunos de
stilados –por los que pasé de puntillas- y tras una pequeña pausa el habitual debate sobre lo divino y sobre lo humano entorno a una interesante selección de Bollinger (pronúnciese bolaaaaaaaaangé) empezando por el Special Cuvèe, seguido del La Grande Année del 1997 y un espectacular RD (Recent Degorgé) de 1996. En plena vorágine algunos de los contertulios fueron tragados por la tierra para ser posteriormente vomitados con un Chambertin 2002 de Denis Mortet. Picota granatoso de media capa. Nariz interesante, con toques ahumados, algunos tostados y especiados (mimienta negra) y un fondo de fruta roja. En boca con cierta densidad pero a su vez fluye con facilidad, amargoso, con buena acidez y buen recorrido. Un vino que muestra cierta opulencia.
Aunque suene increible... no fue este el final de la velada... y eso que pasaban de las 11 de la noche....