Peña El Sarmiento

domingo, septiembre 07, 2008

Sobaquillos de verano (III)

Finalmente hubo algunas noches extra en distintas ubicaciones. Después de tomar ese increíble Vega Sicilia 1970 en la sierra, surgió el comentario de que un vino así necesitaba una comida mas contundente que los embutidos y quesos que teníamos en la mesa, así que David prometió abrir al día siguiente el 62 que le quedaba si yo ponía una buena cena. Dicho y hecho. Al día siguiente, puse rumbo al mercado de Chamartín para comprar 3 buenas cortadas de lomo de buey de Galicia, de más de medio kilo cada una y con un aspecto sensacional.

Comenzamos la cena con algunos quesos (manchego y Camebert) y un blanco borgoñón de Vincent Girardin, St-Aubin 1er cru "Les Murgers des Dents de Chien" 2005. Quizás era un vino al que habría que haber dejado mas tiempo en la botella, ya que ahora mismo se mostraba demasiado dominado por la madera. Bastantes frutos secos, algo de fruta blanca y leves toques florales tratan de asomar por medio y la mineralidad se muestra discreta. En boca estaba algo mejor, untoso pero con buena acidez, los tostados algo más discretos y mayor protagonismo mineral. Se podía ver que era un vino de Borgoña pero si que estaba algo maderizado en estos momentos.

Acabé mi copa mientras preparaba los lomos de buey, acompañado de unas setas Shiitake y unas vainas de guisantes. En la mesa se estaba sirviendo ya el Vega Sicilia Único 1962. Escuchaba comentarios, “esta enterísimo!”, “en serio es del 62?”… Creo que en este vino me voy a ahorrar la nota de cata. En verema la podeis ver. Solo diré, que me dio la sensación de estar ante un vino que roza la perfección. A los amantes de las notas, sería un 10, aunque eso se me quedaría corto, un número no puede expresar las sensaciones que despierta un vino así después de 46 años en la botella. Es un vino magnífico del primer al último sorbo. Y es un Ribera del Duero. Quiero decir que es un Ribera que sabe a Ribera, tiene la potencia característica de esta zona, pero expresada con suma elegancia. Creo que es un vino con una gran personalidad que deja claro su procedencia y esto es algo que valoro mucho. Por cierto, con el lomo de buey, combinaba de maravilla. Dejé la copa para ir volviendo a él de cuando en cuando y el vino no se vino abajo en ningún momento. Que final mas largo!

Quedaba una botella de un blanco del Loira que llevaba un rato esperando abierta, se trataba del Clos Rougeard Brézé 2000, Chenin Blanc de este prestigioso elaborador de Saumur, conocido sobretodo por sus tintos. De color amarillo dorado bastante intenso.
En nariz costó abrirse, no por falta de intensidad, si no por falta de complejidad, ya que parecía algo sencilla, fruta amarilla, miel, mineralidad y alguna nota especiada y ahumada. En boca muy bueno y muy largo. Es donde me suele gustar la chenin, tremenda acidez, recuerdos frutales y minerales, alguna nota amargosa y un final muy persistente. Gran vino.

Para acabar la noche, esperaba un brownie de chocolate, armonizado por unas copitas de La Bota de PX nº12. La verdad es que fue otra de las combinaciones de la noche. Los frutos secos y la amargosidad del chocolate del postre, encajaban de maravilla con este PX. Esas notas de caramelo, esos suaves toques balsámicos, el café y la fruta pasa, parecían el complemento perfecto del brownie. Además, con ese untoso paso por boca, con el alcohol tan comedido de este PX, resultó ser un fin de fiesta increíble.

La semana siguiente repetimos Letroncio, Davibrion y yo, esta vez en casa de Letroncio y acompañando los vinos con un wok a base de algas y solomillo de cerdo. De nuevo tres buenos vinos esperaban. Comenzamos en Slovenia tomando un vino de la variedad Rebula, también conocida como Ribolla Gialla en Italia o Robola en Grecia. Una variedad bastante interesante, con una marcada personalidad y que se aparta claramente del perfil de vinos blancos que conozco. A ciegas la puse en el norte de Italia, así que tampoco me fui de mucho. Y es que es una uva que denota frescura, a la vez que madurez. Se trataba del Sveti Martin Rebula 2005. De color amarillo limón bastante intenso, en nariz es fresco, con buena expresión frutal, algo de membrillo, bastante floral y unas notas herbáceas muy agradables. La boca tiene una notable acidez que le da mucha frescura y una mineralidad bien marcada, con un final muy agradable. Muy rico.

Teníamos en la copa desde hacía un rato, para que se fuese abriendo un Hermitage de Delas Frères, el “Marquise de la Tourette” 1998. Elaborado a partir de uvas procedentes de los viñedos de L’Ermite, le Sabor y Bessards, este syrah de libro (con su 15% de Rousanne y marssanne), se elabora fermentandolo en barricas de roble de 1 a 3 años, donde pasa unos 14-16 meses. Que cosa más rica de vino. Aparece con un precioso color rojo picota de capa media-alta y muy brillante. La nariz es de buena intensidad y va ganando profundidad con la aireación. Comienza con mucha aceituna negra y carne ahumada y poco a poco van aflorando notas de violetas, frutos rojos y negros, suaves balsámicos, algo de cueros y buena mineralidad. En boca es un vino magnífico, con potencia, pero comedida y equilibrada, tiene un tanino potente que ya comienza a mostrarse pulido, buena acidez y un recorrido muy bueno. Es muy largo.


Acabamos la noche con otro vino del Loira, otro vino del Domaine de la Sansonnière, el Vielles Vignes des Blanderies 2002. Delicioso vino de Mark Angeli, después de la pequeña decepción del Rosé d’un Jour. Color oro viejo bastante brillante, con lágrima densa. En nariz es intenso y maduro, mucha fruta blanca madura y flores comparten protagonismo con notas dulzonas de miel y azúcar quemado, dominando el conjunto una marcada mineralidad. El alcohol se nota, sobretodo al subir un tanto la temperatura.
En boca tiene una tremenda potencia, untoso y con gran acidez, deja unas sensaciones de manzana verde y sobretodo mucha mineralidad. Tiene un buen final, aunque ese contenido alcohólico puede hacerlo pesado en algún momento. Lo mejor es beberlo poco a poco y sin prisas ya que al final es cuando mejor se muestra. De momento me sigo quedando con su Vignes Françaises.

Ya solo queda un sobaquillo de verano por venir. Como veis ha sido un verano intenso para la Peña el Sarmiento.

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miércoles, agosto 27, 2008

Sobaquillos de verano (II)

Siempre he dicho que trabajar en Madrid en agosto es un placer, nada de tráfico por las mañanas y todavía menos por las tardes, los jefes de vacaciones, el calor ya no aprieta tanto como en julio y las noches suelen ser frescas. Pero si esto lo aderezamos con unos magníficos sobaquillos de fin de semana con los compañeros de peña, el resultado es un verano de lo más agradable en la capital. Nada de supercatas organizadas ni estudiadas, hablamos de nuestros tradicionales sobaquillos. “Organizados” con tan solo unas horas de anticipación, cuatro llamadas para ver quienes estamos disponibles, cada uno una botella, algunos quesos y embutidos y a ver que sale... Pues veamos como ha salido en este resumen de lo bebido. Lo voy a separar en 3 entregas en función de las sub-sedes empleadas en cada caso. La primera esta ya disponible desde hace unos días en el blog que tenemos Jose y yo. Y aquí llega la segunda...

Miraflores de la Sierra

Continuando con la entrada de los sobaquillos de verano, otro de los escenarios de lujo ha sido la casa de uno de nuestros compañeros en Miraflores. Frescas y agradables noches de verano acompañados de magníficos vinos.

La noche de La Tâche

Comenzamos una noche que recordaremos mucho tiempo, por Rioja, abriendo un Marques de Riscal de 1961. Bastante potente, aparecía subido de color y oscuro, mostrando un buen aspecto. La nariz muy terrosa, con algo de fruta muy madura casi pasificada. Al rato se volvió mas balsámico y daba claras notas de miel, una miel muy floral, eso si. Poco a poco se maximizaban esas notas de uva pasa, casi parecía un PX al final. En boca no acabó de convencerme, se repetían las sensaciones terrosas de la nariz, correcta acidez, pero algo falto de chicha. A mi parecer el vino se cayó demasiado rápido, claro que hay que entender que tiene 47 años el vinito.

Cruzamos los Pirineos y aterrizamos en la orilla izquierda del Garona, a las afueras de Burdeos, donde se localiza la AOC Pessac-Léognan, para visitar el Chateau Pape Clement, pero avanzando en el tiempo tan solo un añito, para quedarnos en la versión de 1962. Vinazo, nada mas servirlo en la copa, te dabas perfecta cuenta de que estabas ante una de esas botellas que van a dejar huella. De color rojo bastante vivo levemente atejado en el ribete. La nariz muy expresiva desde el primer momento, frutillos rojos y algunas notas herbáceas saltaban en primer plano sobre notas terrosas, leves tostados y algo de cacao. Complejo y muy bonito. La boca era espectacular, con buena estructura, era un placer mantenerlo en boca, taninos pulidos buena acidez y larguísimo final. De lo mejorcito que he bebido. No diré que era un chaval, pero me dió la sensación de estar bebiendo un vino en su plena y mas exultante madurez. Seguramente se mantendrá bastante tiempo ahí, puesto que no daba ninguna señal de agotamiento. Poco a poco voy aprendiendo que Burdeos si que merece (o al menos merecía) la pena. Por desgracia creo que esta bodega ha cambiado mucho desde los 60. Es una auténtica lástima que en la búsqueda de los puntos y de un tipo de mercado concreto se haya perdido la identidad de unos vinos tan increibles.

Mientras tanto, la otra copa ya estaba recibiendo vino de una pesada botella culona del esperado La Tâche 1996. Dicen que es una de las mejores viñas del mundo... habrá que ver como se comporta en la copa. La añada en teoría también era buena. Pero posiblemente estemos ante un vino que apenas estará comenzando a mostrarse, así que sabíamos que teníamos que venir con paciencia. Y eso hice, ya que el vino comenzó bastante cerrado, dando notas muy terrosas y poco mas. Bueno, no hay prisa, queda Pape en la otra copa y la noche es muy agradable. Sobre el color, es un rojo intenso bastante oscuro y cubierto, nada del típico cerecita de media capa de los Pinot Noir. Poco a poco van asomando frutillos del bosque, sobre esa mineralidad terrosa imperante en todo momento, se nota la crianza pero no sobresale. Pero lo mas bonito en nariz estaba por venir. Al rato comenzó a destaparse el bote de las especias, colocándose entre esa mineralidad dando muchísima profundidad a la nariz, al tiempo que ganaba en intensidad aromática. Daba pena acabárselo, pero casi mas pensar en que teníamos que haberlo esperado mas. En boca es una pura maravilla y es donde deja mas claro el gran vino que es. Equilibrio de todos los factores, la acidez en su sitio, suaves taninos, una corpulencia adecuada, la barrica apenas perceptible y la mineralidad dirigiendo el conjunto en todo momento. Largísimo final. Sin duda es un vino que mejorará en botella, pero ya da claras muestras de la magnífica materia prima que lo compone y se hace muy disfrutable.

Había vino blanco también esperando, un vino de viogner, pero no una cualquiera, si no que se trataba de un Château-Grillet. Este vino es uno de los pocos ejemplos en Francia de una denominación de origen explotada en exclusiva por tan solo un solo productor, siendo además una de las AOC’s mas pequeñas, con tan solo 3.8 hectáreas incrustadas en el corazón de Condrieu. 10.000 botellas salen de este viñedo situado en terrazas de granito desmenuzado, en una pendiente orientada hacia el sudeste y que forma una especie de anfiteatro. Pasa 24 meses en barricas de roble (nuevas y usadas). El vino es curioso y a mi me impactó bastante. Era de 1998, pero jamás hubiese adivinado la añada, parecía un 2005, por decir algo. Con un color amarillo limón bastante intenso y muy brillante, se ve untoso en la copa pero no en exceso. Apareció algo sencillo en nariz, donde dominaba muy claramente unas notas de mousse de limón acompañada... digamos de un "bizcocho" de piedras. No estaba mal, pero era como muy directo y apretado. En boca muy buena estructura, nada pesado, acidez muy buena, aparentando mucha mas juventud. Creo que es un vinazo, pero al que le falta mucha botella (y eso que ya son 10 años). Me gustaría probar uno de estos bien viejo a ver hacia dónde va. Curiosa viogner, si hubiese mas de este estilo supongo que no hablaría tan mal de esta variedad como suelo hacerlo. Por cierto, la barrica no se notaba en absoluto.

Terminamos la noche con un dulcecito, en este caso un Bablut 1997, vino de Chenin Blanc botritizada completamente producido dentro de la AOC Coteaux d’Aubence. Una buena añada, un buen productor y como era de esperar, un buen vino. El color es anaranjado ambarino bastante subido de tono, de aspecto untoso en la copa. La nariz de buena intensidad, donde se nota la botritis, hay notas de miel, orejones, frutos secos y una buena mineralidad calcárea. Es denso en boca, pero en buen equilibrio con la acidez que lo hace muy agradable. El azúcar perfectamente integrado, nada empalagoso y bastante largo en el final. Muy bueno y un buen broche final para tan buenos vinos.

La noche del Vega Sicilia

Hubo otra magnífica noche en este campo de batalla. Comenzamos con un buen Champagnge de Le Mesnil y luego siguieron dos de los mejores vinos que podemos encontrarnos en España, uno blanco y otro tinto.

El Champagne fue el Pierre Peters Cuvée Speciale 2001, 100% chardonnay de Le Mesnil s/Oger. Esta añada fue bastante fresca y eso se deja notar en este champagne, que se muestra algo tímido en nariz, muy dominado por una mineralidad calcárea bastante imponente, la fruta aparece muy en un segundo plano, junto con algunas notas florales y de bollería. Mucha acidez en boca (ojo, para mi esto no es ningún defecto, si no todo lo contrario) y mas mineralidad, leve cremosidad, da la sensación de estar algo falto de botella, o incluso hubiese necesitado decantarse para ver si se mostraba algo mas expresivo. En todo caso muy bueno.

Continuamos con un Viña Tondonia GR blanco 1981. Un vinazo a un precio casi de risa, aunque han llegado a mis oídos rumores de que han subido los precios en origen, una lástima. Amarillo dorado brillante. La nariz es de gran complejidad, típica de la casa, con notas de dulce de membrillo, orejones, alguna nota de miel, flores, anisados, tierra y mueble viejo. Increíble acidez en boca y una gran estructura, me hace pensar que a este vino le queda mucha vida en la botella. Tiene untuosidad, recuerdos del membrillo que anunciaba en nariz y un final muy largo. No te cansas de él.


Y aquí llegó mi primer Vega Sicilia Único, nada mas y nada menos que un 1970, una de las grandes añadas de esta bodega. Muchas veces tienes idealizado un vino y cuando por fin lo pruebas, te quedas con la sensación de que... pues tampoco es para tanto. Pues he de decir, que con este, no me ha pasado, en absoluto. Es mas, he quedado terriblemente enamorado de este vino. Me ha emocionado, sorprendido y sobretodo, me ha hecho disfrutar. Después de 37 años tenemos un vino enterísimo, con una potencia impresionante que me hace pensar que la materia prima con que se elaboró debió de ser increíble. Color rojo picota bastante cubierto, sobretodo para la edad que tiene. La nariz es intensa e imponente desde el primer momento. Comienza dominado por la madera, de buena calidad, pero madera al fin y al cabo. Da igual, no hay prisa. Dejamos la copa abandonada un rato y la controlamos de cuando en cuando. Va ganando profundidad y equilibrio, esa madera se integra con una bonita fruta negra, rodeada de una mineralidad bastante imponente, mas tarde aparecen leves notas balsámicas y notas especiadas de nuez moscada que acompañan a la hoja de tabaco y cacaos. Todo en equilibrio. La boca es impresionante, un vino que posiblemente este comenzando a dar lo mejor de si mismo ahora, tiene buena potencia, pero a su vez mucha elegancia, el tanino esta ahí, pero sin molestar, con una acidez muy correcta, conforme lo aguantas en boca aparece la fruta negra de nuevo y la mineralidad. Y el final que tiene es de escándalo, terriblemente largo. Una maravilla de vino. Habremos estado como 3 horas y pico disfrutando de este vino.

A los afortunados que tengan una botella en casa, solo me queda decirles, que enhorabuena porque tienen una auténtica joya.

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