Peña El Sarmiento

miércoles, agosto 27, 2008

Sobaquillos de verano (II)

Siempre he dicho que trabajar en Madrid en agosto es un placer, nada de tráfico por las mañanas y todavía menos por las tardes, los jefes de vacaciones, el calor ya no aprieta tanto como en julio y las noches suelen ser frescas. Pero si esto lo aderezamos con unos magníficos sobaquillos de fin de semana con los compañeros de peña, el resultado es un verano de lo más agradable en la capital. Nada de supercatas organizadas ni estudiadas, hablamos de nuestros tradicionales sobaquillos. “Organizados” con tan solo unas horas de anticipación, cuatro llamadas para ver quienes estamos disponibles, cada uno una botella, algunos quesos y embutidos y a ver que sale... Pues veamos como ha salido en este resumen de lo bebido. Lo voy a separar en 3 entregas en función de las sub-sedes empleadas en cada caso. La primera esta ya disponible desde hace unos días en el blog que tenemos Jose y yo. Y aquí llega la segunda...

Miraflores de la Sierra

Continuando con la entrada de los sobaquillos de verano, otro de los escenarios de lujo ha sido la casa de uno de nuestros compañeros en Miraflores. Frescas y agradables noches de verano acompañados de magníficos vinos.

La noche de La Tâche

Comenzamos una noche que recordaremos mucho tiempo, por Rioja, abriendo un Marques de Riscal de 1961. Bastante potente, aparecía subido de color y oscuro, mostrando un buen aspecto. La nariz muy terrosa, con algo de fruta muy madura casi pasificada. Al rato se volvió mas balsámico y daba claras notas de miel, una miel muy floral, eso si. Poco a poco se maximizaban esas notas de uva pasa, casi parecía un PX al final. En boca no acabó de convencerme, se repetían las sensaciones terrosas de la nariz, correcta acidez, pero algo falto de chicha. A mi parecer el vino se cayó demasiado rápido, claro que hay que entender que tiene 47 años el vinito.

Cruzamos los Pirineos y aterrizamos en la orilla izquierda del Garona, a las afueras de Burdeos, donde se localiza la AOC Pessac-Léognan, para visitar el Chateau Pape Clement, pero avanzando en el tiempo tan solo un añito, para quedarnos en la versión de 1962. Vinazo, nada mas servirlo en la copa, te dabas perfecta cuenta de que estabas ante una de esas botellas que van a dejar huella. De color rojo bastante vivo levemente atejado en el ribete. La nariz muy expresiva desde el primer momento, frutillos rojos y algunas notas herbáceas saltaban en primer plano sobre notas terrosas, leves tostados y algo de cacao. Complejo y muy bonito. La boca era espectacular, con buena estructura, era un placer mantenerlo en boca, taninos pulidos buena acidez y larguísimo final. De lo mejorcito que he bebido. No diré que era un chaval, pero me dió la sensación de estar bebiendo un vino en su plena y mas exultante madurez. Seguramente se mantendrá bastante tiempo ahí, puesto que no daba ninguna señal de agotamiento. Poco a poco voy aprendiendo que Burdeos si que merece (o al menos merecía) la pena. Por desgracia creo que esta bodega ha cambiado mucho desde los 60. Es una auténtica lástima que en la búsqueda de los puntos y de un tipo de mercado concreto se haya perdido la identidad de unos vinos tan increibles.

Mientras tanto, la otra copa ya estaba recibiendo vino de una pesada botella culona del esperado La Tâche 1996. Dicen que es una de las mejores viñas del mundo... habrá que ver como se comporta en la copa. La añada en teoría también era buena. Pero posiblemente estemos ante un vino que apenas estará comenzando a mostrarse, así que sabíamos que teníamos que venir con paciencia. Y eso hice, ya que el vino comenzó bastante cerrado, dando notas muy terrosas y poco mas. Bueno, no hay prisa, queda Pape en la otra copa y la noche es muy agradable. Sobre el color, es un rojo intenso bastante oscuro y cubierto, nada del típico cerecita de media capa de los Pinot Noir. Poco a poco van asomando frutillos del bosque, sobre esa mineralidad terrosa imperante en todo momento, se nota la crianza pero no sobresale. Pero lo mas bonito en nariz estaba por venir. Al rato comenzó a destaparse el bote de las especias, colocándose entre esa mineralidad dando muchísima profundidad a la nariz, al tiempo que ganaba en intensidad aromática. Daba pena acabárselo, pero casi mas pensar en que teníamos que haberlo esperado mas. En boca es una pura maravilla y es donde deja mas claro el gran vino que es. Equilibrio de todos los factores, la acidez en su sitio, suaves taninos, una corpulencia adecuada, la barrica apenas perceptible y la mineralidad dirigiendo el conjunto en todo momento. Largísimo final. Sin duda es un vino que mejorará en botella, pero ya da claras muestras de la magnífica materia prima que lo compone y se hace muy disfrutable.

Había vino blanco también esperando, un vino de viogner, pero no una cualquiera, si no que se trataba de un Château-Grillet. Este vino es uno de los pocos ejemplos en Francia de una denominación de origen explotada en exclusiva por tan solo un solo productor, siendo además una de las AOC’s mas pequeñas, con tan solo 3.8 hectáreas incrustadas en el corazón de Condrieu. 10.000 botellas salen de este viñedo situado en terrazas de granito desmenuzado, en una pendiente orientada hacia el sudeste y que forma una especie de anfiteatro. Pasa 24 meses en barricas de roble (nuevas y usadas). El vino es curioso y a mi me impactó bastante. Era de 1998, pero jamás hubiese adivinado la añada, parecía un 2005, por decir algo. Con un color amarillo limón bastante intenso y muy brillante, se ve untoso en la copa pero no en exceso. Apareció algo sencillo en nariz, donde dominaba muy claramente unas notas de mousse de limón acompañada... digamos de un "bizcocho" de piedras. No estaba mal, pero era como muy directo y apretado. En boca muy buena estructura, nada pesado, acidez muy buena, aparentando mucha mas juventud. Creo que es un vinazo, pero al que le falta mucha botella (y eso que ya son 10 años). Me gustaría probar uno de estos bien viejo a ver hacia dónde va. Curiosa viogner, si hubiese mas de este estilo supongo que no hablaría tan mal de esta variedad como suelo hacerlo. Por cierto, la barrica no se notaba en absoluto.

Terminamos la noche con un dulcecito, en este caso un Bablut 1997, vino de Chenin Blanc botritizada completamente producido dentro de la AOC Coteaux d’Aubence. Una buena añada, un buen productor y como era de esperar, un buen vino. El color es anaranjado ambarino bastante subido de tono, de aspecto untoso en la copa. La nariz de buena intensidad, donde se nota la botritis, hay notas de miel, orejones, frutos secos y una buena mineralidad calcárea. Es denso en boca, pero en buen equilibrio con la acidez que lo hace muy agradable. El azúcar perfectamente integrado, nada empalagoso y bastante largo en el final. Muy bueno y un buen broche final para tan buenos vinos.

La noche del Vega Sicilia

Hubo otra magnífica noche en este campo de batalla. Comenzamos con un buen Champagnge de Le Mesnil y luego siguieron dos de los mejores vinos que podemos encontrarnos en España, uno blanco y otro tinto.

El Champagne fue el Pierre Peters Cuvée Speciale 2001, 100% chardonnay de Le Mesnil s/Oger. Esta añada fue bastante fresca y eso se deja notar en este champagne, que se muestra algo tímido en nariz, muy dominado por una mineralidad calcárea bastante imponente, la fruta aparece muy en un segundo plano, junto con algunas notas florales y de bollería. Mucha acidez en boca (ojo, para mi esto no es ningún defecto, si no todo lo contrario) y mas mineralidad, leve cremosidad, da la sensación de estar algo falto de botella, o incluso hubiese necesitado decantarse para ver si se mostraba algo mas expresivo. En todo caso muy bueno.

Continuamos con un Viña Tondonia GR blanco 1981. Un vinazo a un precio casi de risa, aunque han llegado a mis oídos rumores de que han subido los precios en origen, una lástima. Amarillo dorado brillante. La nariz es de gran complejidad, típica de la casa, con notas de dulce de membrillo, orejones, alguna nota de miel, flores, anisados, tierra y mueble viejo. Increíble acidez en boca y una gran estructura, me hace pensar que a este vino le queda mucha vida en la botella. Tiene untuosidad, recuerdos del membrillo que anunciaba en nariz y un final muy largo. No te cansas de él.


Y aquí llegó mi primer Vega Sicilia Único, nada mas y nada menos que un 1970, una de las grandes añadas de esta bodega. Muchas veces tienes idealizado un vino y cuando por fin lo pruebas, te quedas con la sensación de que... pues tampoco es para tanto. Pues he de decir, que con este, no me ha pasado, en absoluto. Es mas, he quedado terriblemente enamorado de este vino. Me ha emocionado, sorprendido y sobretodo, me ha hecho disfrutar. Después de 37 años tenemos un vino enterísimo, con una potencia impresionante que me hace pensar que la materia prima con que se elaboró debió de ser increíble. Color rojo picota bastante cubierto, sobretodo para la edad que tiene. La nariz es intensa e imponente desde el primer momento. Comienza dominado por la madera, de buena calidad, pero madera al fin y al cabo. Da igual, no hay prisa. Dejamos la copa abandonada un rato y la controlamos de cuando en cuando. Va ganando profundidad y equilibrio, esa madera se integra con una bonita fruta negra, rodeada de una mineralidad bastante imponente, mas tarde aparecen leves notas balsámicas y notas especiadas de nuez moscada que acompañan a la hoja de tabaco y cacaos. Todo en equilibrio. La boca es impresionante, un vino que posiblemente este comenzando a dar lo mejor de si mismo ahora, tiene buena potencia, pero a su vez mucha elegancia, el tanino esta ahí, pero sin molestar, con una acidez muy correcta, conforme lo aguantas en boca aparece la fruta negra de nuevo y la mineralidad. Y el final que tiene es de escándalo, terriblemente largo. Una maravilla de vino. Habremos estado como 3 horas y pico disfrutando de este vino.

A los afortunados que tengan una botella en casa, solo me queda decirles, que enhorabuena porque tienen una auténtica joya.

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domingo, agosto 10, 2008

Cena con RayQ, Galicia y el Bierzo

El pasado jueves 31 de julio nuestro compañero de la parte inglesa de verema, RayQ, que pasaba unos días por España, decidió arriesgarse a cenar con algunos miembros de la peña... no sabía lo que le esperaba.

Decidimos poner un tema, aunque con trampas de por medio, que como no, vendrían de la mano de nuestro exótico David y sus vinos raros. El tema era Galicia y Bierzo. Bastante amplio, quizas demasiado, pero así tendríamos mas donde elegir. El lugar fue el Restaurante La Vereda, en Vallecas. La cena resulto excelente y nos hicieron sentir casi como en casa en el restaurante. Recuerdo deliciosas sardinas, buen pulpo, unas almejas bien ricas y una jugosa carne al final a la piedra. Cenamos de maravilla.
Comenzamos la noche con dos entregas de La Bota de, primero la manzanilla pasada nº10. Saca de enero de 2008, solo 15 botas de este vino que sale de una selección de botas de la Guita. Su edad media de unos 14 años la convierten en un producto único. Una maravilla de vino, con un color amarillo oro viejo, tiene una nariz bien intensa y expresiva, terriblemente marina, deja recuerdos de algas y salinidad con alguna nota iodada y acerada, con notas de la crianza, frutos secos y aldehidos, también asoman aromas de flores blancas. En boca es deliciosa, corpulenta, untosa, mineral y con un magnífico final salino. No me cansaría de este vino. De las mejores entregas que han salido últimamente.

Seguimos con una botella que nada mas verla casi se me saltan los ojos de las órbitas. El amontillado Navazos nº1. Que suerte poder volver a encontrarme con otra botella de esta saca en concreto del amontillado Navazos, ¿Cómo se encontrará? Pues de maravilla. Color ámbar intenso, brillante y muy bonito, te avisa ya de que en la copa vino de gran nivel. Con una nariz de buena intensidad y gran complejidad, de nuevo dominada por notas marinas de algas y mineralidad salina, los frutos secos son más intensos, junto con notas tostadas, almendras tostadas, acetaldehídos y acero. También aparecen flores blancas y un fondo calcáreo. La boca es impresionante e invita a acompañar comidas, de gran potencia pero elegancia al mismo tiempo, todo muy equilibrado, muy seco, buena acidez y con un gran final salino.


Nuestro compañero Samuel Cano nos había traído algunas muestras de sus vinos y comenzamos con su Patio Blanco de Airén fermentado en barrica 2007 que, esa misma mañana estaba en la barrica. Siempre que me encuentro con su blanco me doy cuenta del gran mérito que tiene hacer un vino de esta variedad manchega con tan buen resultado. Un vino con muchas lías, si no recuerdo mal, sigue reposando sobre ellas actualmente. En nariz estaba algo cerrado, daba notas de fruta blanca, frutos secos y flores, bastante perfumado (sobretodo al segundo día, yo me llevé una botella a casa, es curioso lo cambiante que es entre día y día, supongo que no añadir sulfuroso es la causa). En boca tiene buena untuosidad y el único problema que le veo, es que le falta algo de acidez, pero es lo que hay con este clima y esta uva… Buen final levemente amargoso y agradable.

Entramos a Galicia, comenzando por Monterrei, con un buen vino con una RCP interesante, el Terra do Gargalo 2006. Color amarillo limón con reflejos verdosos. Nariz de buena intensidad, bastante madura, fruta blanca, algo de piña, flores blancas. En boca es untoso, amargosos y con una correcta acidez, no muy largo, se bebe fácilmente de forma agradable.

Seguimos con el Terras Gauda 2006 y sus levaduras seleccionadas y patentadas. De color amarillo pajizo con reflejos verdosos. Nariz sin muchas complicaciones, donde aparece manzana, notas cítricas, flores y una leve mineralidad. En boca, buena acidez, con buena carga frutal y amargosidad final. Sin errores, agradable pero falto de chispa.

Decidimos probar un albariño con barrica. Algo que no me suele seducir mucho y que esta botella no haría mas que confirmar. Se trataba del Leirana Barrica 2006, un vino que fermenta y permanece en barricas nuevas de roble francés de 750 litros durante 12 meses. De color amarillo intenso con algún leve destello verdoso. Tiene una nariz no muy intensa, bastante fresca, donde la madera se nota pero no domina, entre notas de fruta blanca madura, flores, algo de miel y alguna nota vegetal y ahumada. Sin embargo en boca si que se nota la barrica, dominando sensaciones mantequillosas y ahumadas no tiene mala acidez y el final es correcto. Bueno, por unos 10€ no esta mal y no me ha parecido el peor vino de estos que se hacen hoy en día con madera, pero no es mi estilo, podría ser albariño o verdejo o sauvignon blanc.

Comenzamos con los tintos y aquí llegó lo que para mi fue el fallo de la noche, que fue no traer mas mencías sin madera. Solo apareció uno, un Viñaredo 2006 de Adegas Santa Marta en Valedoras. Un vino bastante olvidable, sucio en nariz, olía demasiado a sulfuroso y con unos verdores muy marcados. Sin duda no fue el mejor ejemplo de lo que da una buena mencía joven.

Luego entró uno de los vinos trampa, un Chateau des Charles 2002, un pinot noir V.Q.A. Niagara Peninsula de Canadá. Un vino rarillo. Rojo picota de capa media alta, levemente atejado en el ribete. En nariz se mostró muy especiado, con presencia de algo de fruta roja, principalmente cerezas y alguna nota terrosa. En boca excesivamente tánico, sin equilibrio… no me convenció demasiado.

Luego llegaron dos botellas del tinto del Samuel Cano, el Patio. Primero el 2007 que venía también directamente de las barricas y que cargaba un 90% de Syrah y un 10% de Cabernet Sauvignon. Color rojo violáceo, bastante cubierto, con una nariz de buena intensidad donde encontrabamos frutos negros maduros, notas de yogurt, algo de carne ahumada, especias y muchas violetas. En boca el tanino sigue marcado, pero el vino tiene buena acidez y no dudamos de que se pula bien en botella. El 2006 que vino posteriormente resultó una delicia. 100% Syrah en este caso, conservaba prácticamente el mismo tono. En nariz muy similar al anterior, pero quizás mas elegante y en boca es donde el tanino se había pulido bastante bien, conservando una buena acidez y haciendo un vino carnoso y muy agradable bastante largo en el final. Muy rico.

Volvimos a Galicia, en este caso a un tinto bastante rarito de Rias Baixas de la bodega Forjas do Salnes, la misma que el Leirana. Se trataba del Goliardo Loureiro 2006 tinto… a mi parecer fue uno de los vinos gallegos mas interesantes de la noche, aunque no sabría decir si me gusta o no. El vino aparece con un color picota amoratado muy intenso. La nariz es de buena intensidad y muy agradable, frutos negros maduros, notas de violetas, mineralidad de tierra húmeda y alguna nota vegetal. En boca es donde tengo el conflicto, aunque es original, muestra una salinidad mineral muy marcada, que en un blanco me gustaría, pero aquí me descoloca un poco. Es como chupar un canto rodado de la playa. Muy seco, buena acidez, tanino pulido y de nuevo algún recuerdo vegetal. Es bastante largo. Tendré que volver a probarlo para decidirme. Al menos tiene personalidad bien marcada.


Continuamos con el Palazuelo 2005 de Raúl Pérez para la revista Matador. Un Mencía del Bierzo que pasa 18 meses en barrica nueva de roble francés. Mirando las elaboraciones supongo que se trata de un vino muy similar al Ultreia de Valtuille. De color rojo picota amoratado buen cubierto. En nariz destaca la fruta negra madura, pero no compotada, con algunas notas vegetales típicas de la variedad, bastantes violetas y buena mineralidad y alguna nota ahumada. Madera bien integrada apenas perceptible en nariz. En boca es bastante maduro, con un tanino algo agresivo en estos momentos, tiene una buena acicez y un final amargoso agradable bastante largo. No esta mal el vino y en unos años podría integrarse para dar un buen vino.

Y acabamos Galicia con el Paixar 2002… Quien conozca mis gustos, sabrá que este vino no es de los que mejor se adaptan a mi perfil. De color rojo picota amoratado increíblemente oscuro y cubierto. ¿Seguro que es un 2002? Nariz de buena intensidad, con fruta negra madura, muy madura y muuuuucha madera, tostados, cacaos, balsamicos, café, coco, vainilla… vamos un claro exponente de un Starbucks wine. Se suele decir que es un vino bastante mineral, pues poco pude ver entre tanta ebanistería “fina”.En boca continúa con un tanino bien marcado, acidez correcta y recuerdos de la fruta madura. Lo encuentro algo agresivo. Se me plantean dudas, ¿se acabará integrando este vino? ¿Cómo era nada mas salir al mercado? Al precio que tiene, no seré yo quien dedique mis euros a contestarlas.

Entremedias apareció otro vino raro, La Briffaude, Les Flacons 2000, un Vin de Pays d’Oc, monovarietal de merlot. Color rojo picota, con una nariz dominada por notas de carne asada, fruta muy, muy madura, casi pasa y algunas notas de arcilla. En boca terriblemente tánico, con sensaciones verdosas nada agradables.

Acabamos con lo mejor de la noche. Un Jurançon dulce del Domaine de Souch, la Cuvée Marie Kattalin, del 2002. mmm! No me canso de los dulces de Petit Manseng y este vino de la biodinámica Yvonne Hégoburu es un gran ejemplo. Color oro viejo brillante. En nariz es intenso, donde encontramos notas de miel, orejones y frutas escarchadas, especias, flores blancas y alguna nota ahumada que me recuerda al pedernal. En boca se bebe con frescura, buena mineralidad y azúcar muy bien integrado con esa acidez característica de estos vinos de las primeras laderas de los Pirineos. Es largo e invita a repetir. Delicioso.

En fin, muchas risas y un gran placer compartir mesa con el amigo RayQ. Espero que él lo pasara tan bien como yo. Fue divertido ver la cara que ponía cuando Samuel hablaba de los megadepósitos de las grandes cooperativas manchegas.

Sobre los vinos gallegos... Bueno, este formato de sobaquillo para catas temáticas no es lo mejor, ya que acaban faltando cosas muy representativas y se repiten algunas otras demasiadas veces. En blancos sin duda nos quedamos muy cojos. Y en tintos, como ya he comentado, faltaron un par de buenos ejemplos de Mencía joven.

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