Mario Estevez

domingo 23 de septiembre de 2007

Grace Koshu 2006


Hace unos días estuvieron unos amigos de viaje por Japón y nos trajeron una botella de vino del imperio del sol naciente -yo pensé que sólo hacían sake-, y me puse a investigar el tema de la viticultura en el citado país.
En Japón las primeras viñas fueron introducidas en el año 718 por los monjes budistas y plantadas en Katsunuma debido a los valores medicinales de las uva.
La primera indicación sobre el vino tinto se produce en el s. XVI con la llegada de los misioneros portugueses, si bien con el cambio de poder producido por esas tierras en el s. XVII se produce la expulsión de los misioneros y la prohibición del consumo del vino.
Hasta 1875 no se produce otro intento para el cultivo de vides con fines comericales a partir de uva autóctona en la zona de Yamanashi, al E de Tokio -zona sombreada del mapa-.
Aunque este intento no tuvo éxito las autoridades japonesas permitieron la importación de cepas viníferas europeas y americanas, como la muscat de Alejandría y la híbrida delaware.
Hoy en día Yamanashi, junto con Yamagata y Nagano elaboran el 40% de la producción vinícola del país. Kofu, en las colinas de Yamanashi, es la región más conocida, existiendo en Japón más de 30.000 ha. dedicadas a la explotación vinícola.

CULTIVO:
Debido al clima y coon el fin de mantener dentro de unos límites los efectos de las abundantes lluvias y la alta humedad, las viñas se cultivan emparradas en alambradas a la altura de una persona con el fin de que los racimos cuelguen por debajo del ramaje y reciban la máxima aireación que evite la putrefacción. A esta técnica se le llama Tanazukuri -ver fotos-



VARIEDADES:
La variedad más conocida es la koshu, de tono rosado para elaborar vinos blancos.
Otra variedad autóctona es la yamabudo que cruzada con la híbrida seibel se obtiene la kiyomi para la elaboración de tintos del estilo al spätburgunder.


kosu -derecha-

yamabudo -izquierda-


También se han plantado variedades europeas como la cabernet sauvignon, la cabernet franc, chardonnay, merlot, müller-thurgau y la zweigelt.











PRODUCTORES:
Dominado por los grandes grupos industriales como Suntory o Sanraku, aparecen también pequeñas bodegas famieliares como Marufuji, Sharayuri o Toshihiko Tsukamoto Château Lumiêre.



ETIQUETADO:
Actualmente el vino que se elabora en Japón tiene dos denominaciones: Kokanai San (vino nacional) o Yunyu San (vino a granel importado).
En la región de Katsunuma existe un sello con certificado de origen para los mejores vinos de la región.

CATA:

El vino catado, Grace Wine, 2006 y con 12% de vol. está elaborado con uva koshu por la Grace Winery Co. Ltd
Presenta un color amarillo pajizo con un brillo metálico grisáceo. Limpio y brillante.
En nariz predominio de notas cítricas, fruta tropical madura y ligeros minerales.
En boca destaca su acidez y frescura, con un retrogusto marcado por las notas frutales.

martes 11 de septiembre de 2007

Lectura, vacaciones y buen vino

Estando de vacaciones siempre aprovecho para leer más asiduamente y este último verano -tan atípico- no ha sido una excepción.
Entre los libros que tenía en mente andaba con ganas de leer El hereje de Miguel Delibes, autor al que sigo desde mis años de adolescencia tras descubrir su prosa con Las ratas.
A uno que la historia siempre le ha gustado el adentrarse en el Valladolid del siglo XVI, reinando Carlos V y descubrir la forma de vida -y de credo- de los hombres y mujeres de esa época tan convulsa ha sido todo un ejercicio de inmersión y de retorno en el tiempo placentero y atractivo.
Claro que un libro no puede leerse sólo, y lo hemos acompañado con dos vinos interesantes: La Bota de Fino nº 7 -saca de abril de Macharnudo Alto- y un Casa Gualda Allier 2004.


La Bota de Fino Macharnudo elaborado en Bodegas Valdespino y embotellado en rama, permaneción en botas de 36 arrobas durante 10 años.
Elaborado con 100% Palomino fino y con un 15%.
En vista se muestra amarillo con menisco dorado, si bien es en la nariz y en boca donde despliega toda su intensidad.
En nariz aparecen intensos aromas salinos, notas de frutos secos -almendras tostadas-, flores blancas y aceitunas.
En boca muestra excelente acidez con muy buen cuerpo y recorrido.









Y como El hereje tiene sus casi 500 páginas, nos daba para seguir degustando vinos a la vez que devorábamos las historias allí narradas.


Para esta segunda parte tomamos un Casa Gualda Allier 2004 elaborado con un 100% de macabeo, con 12% y que había estado cuatro meses en barrica de roble allier.


Se muestra en vista con un color amarillo con menisco dorado. Limpio.
La nariz aparece marcada por las notas a fruta amarilla -membrillo-, ligeros ahumados, vainilla, cáscara de naranja y tabaco rubio.
En boca es corto con justa acidez y con un retrogusto en el que las notas ahumadas y frutales vuelven a imponerse.