Malditos Camaradas

PedroCarroquino

PedroCarroquino

Relatos de vinos que nos atraen, sin saber nada de ellos salvo su advertencia sensorial, el piston que machaca nuestra sensibilidad que no distingue el rojo del picota. Sus paisajes y lugares. Los mejores son los vinos blancos. Hay más y lo que sea. Grupo maldito.









Conchas finas, mare digitale, finos y geniales, con Gibraltar español ya, un sabio en la playa.

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25 de Enero de 2012

  Es como el primer día de junio con las pantorrillas entre la arena y las olas. La espuma alegremente te seduce y recuerda el membrillo de algunos labios queridos. Te sube la savia de almendra e higos o del quebrar de las nueces y te estira la piel la coraza de gambas y coquinas.
Todo un mosaico de vestigios desde las labores de los pescadores y las subastas en la Lonja, el diesel de algun motor supercopiado o el atardecer de marismas o dunas larguísimas.

  Todo es una progresión de sentimientos con los vinos bebidos desde la  Manzanilla #22, ligera, desplegando una gasa de sensaciones hasta la melancólica piel de naranja del Macharnudo Alto (salino), poniendo en la comisura de los labios unos granos de limón, estirados, chillones  y con ese amontillado fino del #24, muy arrogante, sedoso si lo masticas en silencio y un gran volumen para hundirte el pecho con las manzanas maduras de esa #30 Manzanilla pasada  (mineral) donde los tostados, higos y tofe son complejos y muy profundos.

 A  veces se mezclan las olas blancas de la bahía con ese ansia del carbon sobre las escamas con el Fino #18, sin más,  como si el vino fuera más vanidoso que los recuerdos de té y pasas en El Chorrillo  o una mirada sobre la capa de alisios en Melenara. Me gustan las avellanas y el palo dulce que siempre recordaré con la Bota #1 muy con toques impresionistas, notas breves y otras muy prolongadas, pero siempre justas y bellas. 

Me gusta el vino que resulta indescifrable a veces, como The Big Sleep, una sesión en la tarde, delante del café y pastas con Howard Hawks y Raymond Chandler, descifrando a Bogart y su código humano, rodeado de un personaje tras otro buscando el honor que da la honradez aunque todos lo ignoren.

Los vinos no necesariamente siguen estos cánones de la tragedia pero sobreviven como una mirada de Lauren Bacall.

Etiquetas: fino



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